El misterio de las "cero emisiones"
¿Compensaciones o cuentos?
Lo vemos todos los días. En un viaje en taxi, en un vuelo en avión, en productos y servicios de lo más variado. Nos muestran sus credenciales “cero emisiones” o “net zero” esperando que nos las creamos. Y queremos creerlas, seguir consumiendo como si no hubiera mañana pero con la conciencia tranquila. ¿Cuántas veces nos preguntamos si dichas credenciales son ciertas, o sólo se trata del cuento que saben que queremos escuchar?
Hasta la empresa más valiosa del Planeta nos lo cuenta, aunque su negocio sigue basado en la obsolescencia programada y la economía lineal. En el examen de Apple con la Madre Naturaleza, Tim Cook presume de haber lanzado un reloj neutro en carbono y que Apple reducirá a cero la huella de carbono de la compañía en 2030. También da algunas pistas de cómo lo está consiguiendo: una parte importante es plantar árboles, mediante la compra de créditos de carbono.
Y es que hay algo que no encaja en esta historia. CTVC nos da pistas sobre el ejemplo de Amazon: Con una huella de carbono de 60M de toneladas de CO2 en 2020, si la compensase a $3/ tCO2, el coste sería $180M, lo que supone un 0.05% sobre sus ingresos totales de $386B. Una cifra insignificante.
Si fuese tan fácil y barato, sería una irresponsabilidad que como humanidad no hayamos compensado ya todas las emisiones mundiales y solucionado el problema del cambio climático.
Neto, bruto y calidad
Parte del problema es que el neto no es el bruto. Por muy encomiables que sean algunas de estas iniciativas para compensar emisiones, no es lo mismo que dejar de emitir. Como mínimo, deberíamos exigir a todas las empresas que hacen gala de ser neutras en carbono que informen claramente cuáles son sus emisiones brutas y qué reducen o compensan de forma diferenciada.
El otro lado del problema es la calidad de dichos créditos de carbono, esto es, la reducción real que logran dichas compensaciones, cuyo precio a fecha de hoy es muy inferior a esos $3/ tCO2, como veíamos al analizar el precio por tonelada en los mercados voluntarios de créditos de carbono. Y es que en buena medida ese precio refleja el valor de lo que se compra.
Comparar peras con manzanas
Escándalos como el del proyecto Kariba en Zimbabwe, promovido por South Pole, que vendió cerca de $100M en créditos de carbono a compañías como Volkswagen, Gucci, Nestlé, Porsche y Delta Air Lines, sin lograr ninguna reducción adicional de CO2, destrozaron la confianza y hundieron el precio en estos mercados. Y también llevaron a sus compradores a ser acusados de greenwashing,
Porque el problema no es el valor de la naturaleza como sumidero de carbono, de la que hemos aprendido que es un aliado fundamental para descarbonizar el Planeta. Es la verificación de que cada proyecto realmente sustraiga la tonelada de CO2 que promete. Que estemos compensando manzanas con manzanas, y no con peras.
Y es que este mercado se desarrolló sin métodos de verificación fiables, con incentivos basados en la cantidad, y no la calidad, de proyectos y toneladas a compensar. Lo demuestra que el 90% de los proyectos acreditados por Verra, el acreditador más importante del mercado, con cerca de dos tercios de cuota, no representaban reducciones reales,
La aritmética del carbono neto
El lado bueno de estos escándalos es que han acelerado la curva de aprendizaje sobre qué podría considerarse una reducción efectiva y qué no.
Jonathan Goldberg, CEO de Carbon Direct, lo resume así:
Dado que las emisiones fósiles tienen un efecto permanente en el clima, y las compañías compran créditos no permanentes por precio, la aritmética del carbono neto no encaja y el perjudicado es el medio ambiente.
CTVC diferencia entre “offsets” y “removals”: sólo los segundos garantizan que hay una eliminación real adicional de CO2 en la atmósfera equivalente a la emisión que se quiere compensar.

Llevado a un ejemplo concreto como los bosques del proyecto Kariba, dicha eliminación real implica varios requisitos:
Adicionalidad: ¿se trata de una reducción adicional de carbono? ¿estaba ese bosque amenazado? ¿o hubiese permanecido igual en cualquier caso?
Riesgo de fuga: al proteger ese bosque, ¿cómo nos aseguramos que el riesgo que corría no se desplaza a otro bosque que no hemos protegido?
Verificación: ¿qué nos garantiza que la reducción se produce sobre el terreno, y produce la captura de CO2 prometida?
Permanencia: ¿es una reducción definitiva, como la propia emisión, o no podemos garantizar su protección en el tiempo? ¿cómo prevenir riesgos como un incendio o un cambio en la normativa que asegura su protección?
Para asegurar que la bañera de CO2 de la atmósfera no rebose más no basta con evitar otras emisiones, es necesario acreditar que hay una absorción de emisiones adicional, verificada y permanente. Que el neto reste de verdad al bruto.
Una necesidad real
Y es que la necesidad de netear es real. Descarbonizar industrias no se logra en un día y hay mucho CO2 por absorber acumulado en la atmósfera.
Entre las compañías que están liderando este “flight to quality” destaca Stripe. Su responsable de Clima, Nan Ransohoff, resume de forma contundente: “El mundo emite unos 50 billones de toneladas de tCO2 cada año. Sabemos por los científicos que tenemos que reducirlo a cero en 2050, si no antes. No hay forma de que lo consigamos sólo reduciendo emisiones. Vamos a necesitar extraer CO2 de la atmósfera. Y es realmente excitante que hay un número creciente de formas para conseguirlo”
Stripe también ha innovado propulsando Frontier, un mercado de compras anticipadas de absorción de carbono, que fomenta la inversión en tecnologías aún en desarrollo que garanticen la eliminación futura de emisiones en la atmósfera.
Nuevo ecosistema
Para satisfacer esta necesidad, está emergiendo un nuevo ecosistema de empresas y servicios que, mediante la introducción de tecnología, pueda garantizar compensaciones reales. Y tan importantes son las soluciones para la extracción de carbono como para su verificación.
Por el lado de la oferta final, mediante soluciones tanto naturales (bosques, océanos, suelo) como mecánicas (como DAC o ERW). Y aunque puede resultar más preciso asegurar los requisitos necesarios de calidad con las mecánicas, todavía son emergentes y muy costosas, lo que está impulsando la mejora de alternativas basadas en la naturaleza.
Los facilitadores y certificadores son igualmente importantes para restablecer la transparencia y confianza que puede hacer crecer este mercado, asegurando la adicionalidad, verificación y permanencia de forma estandarizada. Con la emergencia de soluciones que abarcan desde la creación de mercados transparentes hasta la verificación mediante observación geoespacial. Clave para consolidar nuevos estándares que, como hace Renoster, muestren que hemos aprendido de los errores de Verra y contamos con alternativas para evitarlos.

Compensar o reducir
Incluso si resolvemos estos problemas de calidad, inquieta que el uso de la compensación de emisiones por las empresas sirva como excusa para retrasar las transformaciones necesarias para su descarbonización.
Anne Finucane, presidente de Rubicon Carbon, que facilita a las empresas la selección de proyectos que logren sus objetivos de compensación de CO2, rompe una lanza a favor de sus clientes: “los datos muestran que las compañías que usan créditos de carbono son también las que han demostrado mayores avances en sus propias operaciones y comparten información transparente con mayor frecuencia”.

Parece que tendremos que acostumbrarnos a vivir en un entorno de “cero emisiones” netas. Y que estas podrán ser reales y efectivas. ¿Cómo saberlo? ¿Podemos confiar en las historias de árboles?
De forma inmediata, lo importante que las empresas que las anuncian aclaren si son netas o brutas y sean transparentes sobre sus compensaciones, contando:
Cómo las han logrado.
Qué acreditaciones garantizan que son adicionales y permanentes.
Cuánto les han costado.
Hacerlo de una forma fácil de comprender por cualquiera es el mejor antídoto contra el greenwashing.
Sin olvidar que la mejor emisión es la que no se produce. No consumir lo que no necesitamos y evitar lo que genera emisiones sigue siendo la fórmula más fácil para votar con nuestro consumo. Por muchos rótulos de “cero emisiones” que nos muestren.
Este post forma parte de una trilogía, que arranca con una revisión general de los mercados de créditos de carbono, y detalla las dinámicas para el mercado regulado y el mercado voluntario (este post)



Mucho sentido común en este post. Cada vez cuesta más diferenciar lo anecdótico de lo importante, el greenwashing del compromiso real. El mundo de las “cero emisiones” es complejo y se agradece que lo expliques de forma tan clara y fácil de digerir.