En defensa de Diógenes
Acumulación y descuido
Escribir sobre Diogenes el día de San Valentín parece una fórmula infalible para que nadie te lea. Sin embargo, existe un hilo invisible entre ambos personajes.
Contaban que San Valentín era un invento de El Corte Inglés para que compremos más. Ahora sabemos que lo copiamos del extranjero. Como con Papá Noel. Aunque la pista era direccionalmente correcta.
Y aunque nadie se atribuya la invocación moderna de Diógenes, probablemente no le ande muy lejos. No ya el síndrome, más bien ese apelativo que se ha popularizado para descalificar al que se lo piensa antes de tirar las cosas.

Diógenes era un filósofo griego partidario de una vida ascética. Sin más posesiones que las que tienen como fin satisfacer las necesidades básicas. También se le recuerda por descuidar su aspecto exterior.
Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza material extrema en una virtud.
Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco, hasta que un día vio que un niño bebía el agua que recogía con sus manos y se desprendió de él.
Según él, la virtud es el soberano bien. Los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar. El principio de su filosofía consiste en renunciar por todas partes a lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.
Entre su mensaje y su descuido, nos hemos quedado con lo más anécdotico.
Diógenes es un “abandonau”, como el de la canción de Atahualpa Yupanqui, que no engrasa los ejes de su carreta porque le gusta que suenen.
Trasladado a nuestros días, hemos redefinido el descuido. Si en tiempos de escasez el “abandonau” era el que no acumula posesiones, en tiempos de abundancia es el que no tira.
Hemos convertido a Diógenes en el nuevo símbolo del descuido porque no tira las cosas.
A este Diógenes se lo inventó la tele. Para hacernos sentir mal si no tiramos más cosas y poder seguir vendiendo anuncios para que compremos más.
De igual forma que nos venden el reciclaje del plástico, aunque todavía no funcione, para darnos paz mental. Y que sigamos separando y tirando plásticos sin preocupaciones.
Este Diogenes moderno no puede creer en la belleza efímera de tanto objeto precioso diseñado para inundarnos de felicidad y convertirse en basura el día siguiente.
Y es que nunca las bolsas, paquetes y sus contenidos fueron tan atractivos y elaborados, aunque sean para usar y tirar.
Cosas que no puede rechazar, pero tampoco entiende que se fabricaron para tirarlas. El ascetismo no estaba preparado para el derroche por diseño.
El problema de Diógenes no es todo lo que no tira. El problema de Diógenes es todo lo que acumula.
Tal vez no necesite comprar tanto. Y así acabe con tanta acumulación.
Si tan mal nos parece que acumule, ¿qué pensaría un marciano que nos observe desde el más allá, y vea dónde acaban las cosas que tiramos?
Aunque convenzamos a DIógenes para que se apunte a la fiesta del usar y tirar, no deja de ser una gran trampa. Porque gran parte de lo que tiramos acaba en otro sitio. Como las playas de Ghana o el desierto de Atacama.
Entre todos contribuimos a un gigantesco esquema piramidal. Diógenes somos todos. Aunque no nos demos cuenta. Ojos que no ven...
¿Y si todas las cosas que hemos tirado en nuestra vida todavía existen? ¿Y si no han desaparecido, como creíamos, y están en algún sitio, ocupando espacio en el planeta, desplazando a la naturaleza? ¿Puedes recordar cuántas son? ¿Imaginar dónde pueden encontrarse? Aunque sean sólo las de plástico y sus derivados…
Tal vez sea el momento de recuperar el mensaje de Diógenes, sin necesidad de acercarse a sus extremos, y perdonarle que fuera un “abandonau”. Recordemos:
El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.
Un sabio al que Alejandro Magno, declarado fan suyo, invitó a pedirle “lo que quieras” y este le contestó que se quitase de enmedio porque le tapaba el sol.
Respecto a San Valentín, el mejor consejo que he visto últimamente ha sido en forma de anuncio, gentileza de Ecoalf: “Make Love, Not Waste”. Más amor y menos basura. Menos es más.



