La crisis de los treinta
COP-30 en el Amazonas
Al pensar en un niño, no solemos proyectar cómo será cuando cumpla treinta años. Pero seguramente sería un buen balance de lo que ha conseguido hasta entonces en la vida. Y un buen indicio de lo que podemos esperar de su contribución a la sociedad.
Los COP han cumplido 30 años, desde su primer cumpleaños en Berlín, hijo de la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. Y se han vuelto a Brasil para celebrarlo. En Belem, punto de entrada a la Amazonia.
Son los 30 años de ese joven prometedor que cumplió los 20 en París, donde consiguió alinear a todas las autoridades del Planeta en un objetivo común, no sobrepasar el +1,5ºC de aumento de temperaturas globales desde las referencias pre-industriales (ó +2ªC, según se interprete la letra pequeña).
Sin embargo, la COP en Belem nos ha recordado a ratos a aquellos artistas incapaces de superar el disco o película con el que llegaron a su cenit creativo. Como si el adulto de 30 no fuese capaz de mantener la energía y entusiasmo con los que cautivó a todos cuando era un joven de 20.
Malos augurios
Y es que los prolegómenos de la celebración no trajeron buenos presagios. La ausencia de USA, con un Trump que no sólo no pensaba enviar representación, sino que directamente rechazaba el acuerdo de París, hacía difícil acuerdos realmente representativos.
Ni la oleada de malos datos, como la constatación por la ONU en su Emissions Gap Report, muy significativamente titulado “Off Target”, de que el objetivo de limitar el incremento de temperaturas al +1,5ºC, era ya prácticamente imposible de alcanzar simplemente limitando el calentamiento, a menos que venga acompañado de medidas de enfriamiento o extracción de CO2 de la atmósfera. O la corrección de la estimación de “Peak Oil” por la IEA en sus nuevos escenarios de transición energética, alargando el horizonte para llegar al “net zero”.
Hasta el propio Bill Gates, viejo amigo de la causa, echaba un jarro de agua fría sobre la importancia de mitigar el cambio climático en un memo que, pese a su contenido ambivalente, mereció elogios del Presidente Trump (“He/ hemos ganado la lucha contra la Mentira del Cambio Climático. Bill Gates ha admitido por fin que estaba completamente EQUIVOCADO”).
Cumbre en la Amazonia
Hasta lo que parecía un as en la manga empezó a torcerse. Celebrar este 30 aniversario en la cuenca del Amazonas no era una decisión casual. Tras las pasadas cumbres en petroestados, la elección y proclamación de la Amazonía era una forma de exponer al mundo uno de los grandes pulmones del Planeta y la importancia de preservarlo.
Sin embargo, esta decisión se empezó a volver en contra de la organización. Las obras y preparativos necesarios para acomodar una cumbre de tal complejidad, por no hablar del caos asociado a habilitar sitio para tantos asistentes, no ayudan precisamente a la conservación del ecosistema. Las enormes expectativas que se querían construir se redujeron incluso antes de que comenzase la conferencia.
¿Conseguiría la COP de Belem dar lugar a avances significativos en la lucha multilateral contra el cambio climático? ¿Iría más allá de la declaración de intenciones como el “transition away” de Dubai? ¿Superaría las dudosamente productivas discusiones de suma cero en Bakú?
No se puede cuestionar la voluntad de Brasil de conseguir resultados. Lula inauguró la cumbre hablando de “la COP de la verdad” y habló desde la legitimidad de quien ha modificado políticas para proteger su gran aportación en esta lucha: evitar la deforestación del Amazonas.
Oportunidad y tragedia en el Amazonas
Porque los bosques tropicales son probablemente la forma más barata de descarbonizar a nuestro alcance. Y ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo para protegerlos.
Tomemos el caso del Amazonas. Conforme a The Economist, el coste social de mantener el bosque tropical supera en 30 veces el valor de las actividades que siguen a la deforestación.
La valoración del Amazonas se estima en 3 trillones USD, “más que el otro Amazon”, calculada en base a sus servicios de ecosistema como sumidero de carbono, regulador de lluvias y preservador de la biodiversidad. Servicios que benefician a toda la humanidad.
Pero es difícil de proteger frente a los locales que sólo ven su lucro personal y pueden sacar rendimiento del “slash & burn” y hacer suyos los terrenos, como en el Far West de las películas.
Paradójicamente, este terreno ganado a la selva ni siquiera genera buenos rendimientos. El incentivo para los rancheros que lo despejan y ocupan es que pueden conseguir de forma gratuita un terreno sin protección. Destruyendo valor para toda la humanidad a cambio de un modesto lucro personal.
Este es el tipo de problemas que deberían resolver cumbres como el COP, hacer patrimonio de la humanidad aquello cuyo valor nos importa a todos. En términos económicos, internalizar la externalidad.
Expectativas y acuerdos
Las expectativas de este COP combinaban la continuidad de los esfuerzos iniciados en las cumbres anteriores, como bajar las declaraciones de intenciones de transición energética y financiación de Dubai y Bakú, junto a una atención especial a la protección del medio natural como sumidero de carbono, dado el marco amazónico.
A estas se sumaba cierta discusión respecto al equilibrio entre esfuerzos dedicados a la mitigación y la adaptación, en parte motivada por la resignación derivada de los datos de temperaturas, y azuzada por manifestaciones como el memo de Gates.
Tal vez sería justo decir que las expectativas estaban bajas. Quizás por la incompleta representación de decisores. Quizás por la tendencia reciente de las previas COP. Incluso parece que la cobertura en medios ha sido menor. Más allá del hecho de celebrarse en la Amazonia, no parece haber recibido el mismo interés que otras cumbres anteriores.
Cosa que los resultados no han desmentido. Pese a la ambición de los organizadores de avanzar en 2 roadmaps diferenciados para la “transition away” de los combustibles fósiles y el fin de la deforestación, no se han logrado compromisos finales. Estos se han producido en áreas más secundarias, como el de triplicar los fondos destinados a la adaptación, si bien como parte del paquete ya acordado en Bakú, o la llamada a una “transición justa”. Y no olvidemos que lo que soluciona el cambio climático es la mitigación.
Sí se ha conseguido aprobar el TFFF, o Tropical Forest Forever Facility que proponía Brasil para proteger los bosques tropicales. Un fondo destinado a pagar a los países por cada hectárea de bosque tropical que preserven. Con una inversión objetivo de 125 billones USD, de los que se han comprometido 6,7 billones. Y cuyo avance y eficacia habrá que constatar sobre el terreno
¿Cumpleaños feliz?
Sobre esos resultados de este COP, ¿en qué estado se encuentra nuestro artista? ¿Está acabado, como algunos insinúan, o simplemente pasa una crisis de crecimiento, o de madurez?
En primer lugar, es de justicia reconocerle los méritos por todos los logros hasta la fecha. El mundo está hoy en un lugar mejor en la lucha contra el cambio climático gracias a este mecanismo multilateral que ha conseguido reducir la curva de emisiones y las estimaciones de temperaturas futuras, de la banda del +3,3-3,8ª a la del +2,5-2,9ºC. En parte gracias a la insistencia cada año en fijar y seguir objetivos globales y por país. Aunque el paso haya sido más lento de lo deseable y aún quede mucho por recorrer.

Sin embargo, es sano preguntarse si la fórmula actual está agotada. Hasta qué punto resulta efectivo en la lucha contra el clima el desplazar a decenas de miles de personas en viajes intercontinentales para participar en comités o influir en discusiones. Sobre todo cuando ello no garantiza la representatividad de aquellos que son necesarios en la toma de decisiones que harían avanzar la mitigación de forma mucho más decidida y efectiva.
Y es que el consenso se ha roto, y con él el espíritu de misión compartida que hacía que estas conferencias se tradujeran en compromisos. Se ha perdido el ingrediente principal para conseguirlo, el entusiasmo colectivo.
Y que cumplas muchos más
Y es que el mundo ha cambiado mucho en estos 30 años. Incluso en los 10 que nos separan de París. Y no todo ha ido a peor en la lucha contra el cambio climático.
Hemos pasado de una transición energética forzada por las exigencias de la descarbonización a un nuevo panorama en que la revolución renovable y las tecnologías electrotech se han convertido en una alternativa más funcional, eficiente y barata, protagonizando un desarrollo acelerado, en el que progresivamente van desplazando a los combustibles fósiles de más y más aplicaciones. Hay partido. Incluso si no puntuasen las emisiones.
Dinámica particularmente relevante en el caso de la energía solar, cuya adopción está explotando en los países con más necesidades de desarrollo. Como Pakistán, cuyo sistema eléctrico se ha visto superado por las instalaciones privadas de placas solares y baterías. O Africa, donde ya se habla de solarpunk como la nueva vía de desarrollo económico bottom-up, impulsada por energías limpias. Construyendo la nueva infraestructura del siglo XXI, sin necesidad de esperar más a planes de desarrollo obsoleto. Mas cuando se trata de países que están excelentemente situados para este nuevo modelo energético, dada su exposición al sol.

Ello no quiere decir que el partido esté ganado. Los niveles de acumulación de CO2 en la atmósfera ya son muy elevados y toda nueva emisión los empeora. Y hay “tipping points” irreversibles que es fundamental no traspasar. Tal vez la discusión sobre la transición energética haya cambiado, pero no la de la conservación de la Tierra.
En particular, hay que proteger los ecosistemas naturales que son más que sumideros de carbono. Son muy difíciles de reconstruir. Con independencia de que avancemos en sistemas de absorción de carbono que los puedan complementar.
Reinventarse
Quizás hay que reinventar estos foros. Mantener lo mejor que tienen de establecer dirección, pero recuperar el entusiasmo poniendo el foco en aquellas iniciativas que puedan sumar.
Buscando modelos diferentes: win-win, aprovechando que contamos con tecnologías bajas en emisiones que además son las mejores para el desarrollo económico, y permiten superar modelos anticuados basados en la combustión. Y reinventar cómo crecer de forma limpia y próspera, con los países más jóvenes mostrando el camino del futuro.
Y, en paralelo, proyectos ilusionantes sobre cómo proteger las maravillas del planeta que nos prestan servicios como los del Amazonas.
Para lo que sigue haciendo falta regulación, que ponga en valor los beneficios y perjuicios futuros de nuestras acciones actuales. Que permita darle al Amazonas el valor que tiene para todos y que las emisiones soporten el coste social que, si no, acabaremos pagando entre todos. Superar el Far West.
Más zanahorias que palos. Aunque sin olvidar que hay unos objetivos detrás que merecen la pena. Y así recuperar la ilusión. Aunque ello exija reinventarse por completo.
Como un artista que habíamos pensado que ya había dado lo mejor de sí y nos responde con su nueva encarnación. Con menos desplazamientos y más punk.



Me ha venido de maravilla este post porque he estado muy desconectado de esta COP. En líneas generales, parece que nos ha salido a pagar... Como siempre, me alegra que añadas ese punto de vista constructivo sobre cómo seguir hacia adelante. Hay partido.
Que interesante este post y cuánto por aprender. Muchas gracias.