Medicina preventiva
Clima, salud y calidad de vida
Siendo hijo de médico, una de las lecciones que aprendí de mi padre es la importancia de la medicina preventiva. Más vale prevenir que curar.
Sin embargo, casi la mitad del gasto sanitario por persona se concentra en los últimos meses de vida. Esto es, dedicamos más recursos a tratar de evitar lo inevitable que a poner los medios previos para adelantarnos a lo que puede desencadenar un fatal resultado o deteriorar nuestra calidad de vida. A luchar por las últimas semanas, cuando el partido está perdido, en lugar de ganar años de bienestar mediante un sistema de buenos hábitos y detección temprana. Algo no está bien.
En cuestiones de cambio climático, también encontramos esta contraposición entre medicina preventiva y curativa. Son las llamadas “mitigación” y “adaptación”. Más centrada la mitigación en evitar que el calentamiento global siga avanzando, mientras la adaptación trata de protegernos de sus efectos adversos y minimizar los daños una vez que ya se han producido.
Paralelismo muy oportuno, ya que la principal razón por la que nos preocupa la evolución del clima es por su efecto en nuestra salud y calidad de vida. Porque cuando hablamos de cuidar el Planeta, lo que nos importa es mantener las condiciones que lo hacen un gran lugar para vivir. Nuestra salud y bienestar.
Por ello sorprende la tendencia reciente en las discusiones sobre clima que parece priorizar la adaptación sobre la mitigación. Como si quisiéramos exportar los errores de los sistemas de salud a cómo gestionamos el calentamiento global.
Dilema que viene vestido como contradicciones que no son reales. Que tratan al cambio climático como un problema aislado, y lo separan y contraponen a sus consecuencias, como nuestra salud. Como si elegir uno supone renunciar al otro.
El danés Bjørn Lomborg, ex militante de Greenpeace que se dio a conocer con la publicación de “El ecologista escéptico” en 1998, ha sido quien probablemente ha articulado mejor esta posición. Que acepta que el cambio climático es real y consecuencia de la acción humana, pero sostiene que no es tan grave, que aún tenemos tiempo, y que es demasiado caro de solucionar (las tres fases siguientes de “negación del cambio climático” de Mark Maslin que ya compartí en este post anterior).
En su última obra, “False alarm: how climate change panic costs us trillions, hurts the poor, and fails to fix the planet”, de título autoexplicativo, Lomborg sostiene que, conforme a sus cálculos de coste-beneficio, resolver el cambio climático es demasiado caro para su impacto en el PIB, y que existen otros problemas más inmediatos para la humanidad, como la salud básica de billones de personas que podría resolverse con campañas de vacunación.
Planteamiento de alguna forma cercano al reciente memo de Bill Gates, quien, sin negar la gravedad del cambio climático, declara que no llevará al fin de nuestra civilización. Y anuncia que desplazará su foco a los problemas más inmediatos de salud y desarrollo que ya estaba acometiendo su fundación.
Mensajes que dan buenos titulares. Lo que no es de sorprender. Frente a la amenaza del fin del mundo anunciada por Greta Thumberg y la necesidad de acometer cambios que implica la mitigación, es natural que la gente prefiera escuchar mensajes que nos liberan de responsabilidades y permiten que siga la fiesta. Y no digamos los negocios que dependen de ellos para poder continuar ganando dinero.
Pero no nos engañemos. Ni Thumberg ni Lomborg saben si el cambio climático va a traer el fin de la humanidad, porque no estamos ante un proceso lineal y previsible, sino ante un fenómeno exponencial cuya evolución depende de “tipping points” que nos adentrarían en territorio desconocido. Con consecuencias que no tienen buena pinta. Y que no están consideradas en los excels de impacto sobre el PIB que maneja Lomborg.
Porque, aunque creen buenos titulares, estos mensajes se basan en contradicciones que no son reales. No es correcto contraponer cambio climático y salud. Ni plantear el dilema de que asegurar la prevención es lo que impide atender otras necesidades inmediatas. Como si fuese un juego de suma cero cuando se trata de variables relacionadas.
Dice Lomborg que evitar el cambio climático es caro. Que es como decir que prevenir el cancer es caro. Más caro será cuando sea demasiado tarde para encontrar una solución. Es lo que tienen los procesos irreversibles.
El mayor factor para nuestra salud es nuestro entorno, y este está seriamente amenazado. Conforme a la OMS, casi 1 de cada 4 muertes tienen causas medioambientales.
Y por supuesto que hay que mirar costes y beneficios. No derrochar y asegurar que los recursos se utilizan de la mejor forma posible. Pero sin engañarnos.
Contraponer los problemas de hoy a la prevención de los problemas del mañana es una fórmula infalible para crear problemas mucho mayores en el futuro. Recordemos que la mayor parte del gasto sanitario llega demasiado tarde.

PD: Desgraciadamente sé de lo que hablo. Hoy hace ocho años que nos dejó mi hermana por culpa de un cáncer que no se pudo detectar antes. Te echo de menos Eva.


Qué importante es que interioricemos esto. La mejor manera de solucionar un problema siempre será evitarlo. De lo contrario, cuanto más tarde, más complicado.
Este comentario no está relacionado estrictamente con el post. Pero me sorprende en la discusión actual sobre Groenlandia, cómo se está hablando con total ligereza de la explotación de las rutas del Artico como consecuencia del deshielo polar. Probablemente agravemos un entorno ya bastante frágil, con consecuencias me imagino potenticialmente muy negativas para la estabilidad de los frágiles ecosistemas. Esa lucha por los territorios y los recursos nos continúa llevando por rutas que probablemente no deberíamos transitar!