Parar las fábricas 2
Consumer Edition
Si “Hay que parar las fábricas” te provocó a la acción, tal vez te quedó una pregunta pendiente: ¿por dónde empezamos? ¿a quién tenemos que esperar para pararlas?
Todos paramos y cerramos fábricas - y lo estamos haciendo todos los días.
Cuando compras decides qué fábrica sigue abierta y qué fábrica cierra. Aunque no lo veas.
Cuando los compradores de menaje para el hogar elegimos el plástico y las vajillas de Ikea decretamos el cierre de Duralex, aunque su producto fuese más funcional, resistente ¡y bello!1.
En un mundo de comercio globalizado, parar las fábricas no es cuestión de geografía de la oferta sino de poder de la demanda. Es el consumidor el que decide qué fábricas cierran.
Y cuáles prosperan. Pensemos en los vendedores de “mercancía basura” que no dejan escapar cualquier oportunidad de extender su negocio de cosas que no necesitamos, no están fabricadas para durar y el planeta no puede absorber.
Un negocio que cada vez es más enorme. Conforme al WSJ, Shein y Temu ya habían acaparado un tercio de la carga aérea en algunas rutas.
Lo que no debiera llevarnos a sorpresa. Según los datos que preparó para su aplazada IPO, Shein ya era el mayor distribuidor de moda del mundo.
Lo que cierra otras fábricas. Cuando eliges una opción, desechas alternativas. Y sin demanda, el fabricante de toda la vida tiene que cerrar. O el que está construyendo la alternativa que necesitamos no llega a alcanzar la escala que necesita para seguir creciendo. Aunque sus productos sean más funcionales, resistentes y bellos.
Los Estados están reaccionando a este desplazamiento de la producción y el regular a los Sheins y los Temus ya es un debate abierto. En USA en clave geopolítica, con cambios regulatorios vía tarifas y fin de la exención de minimis para los envíos de bajo valor. En Europa con distintas medidas tendentes a limitar su negocio e impacto medioambiental.
Pero el río se hará siempre paso mientras exista un recoveco por el que avanzar. Ellos seguirán y encontrarán nuevas vías mientras tú les sigas comprando.
Aunque hay algo con lo que no pueden. Con lo que decidas hacer con tus compras. Como un botón que hace STOP: si todos decimos no a sus productos, serán ellos los que tendrán que cerrar las fábricas.
Parar ciertas fábricas es incluso un tema de salud medioambiental y personal. Para lo que cada día cuenta.
Investigando por qué la infertilidad ha caído globalmente un 50% en los últimos 50 años, la doctora epidemióloga Shanna Swan encontró una clara relación con la exposición al plástico, investigaciones resumidas en el documental “The Plastic Detox” de Netflix, que también acompaña a distintas parejas en su proceso para liberar sus vidas del plástico.
Cuando Emily Atkin le entrevista en Heated, le pregunta por qué le da tanta importancia al esfuerzo que todos y cada uno de nosotros tenemos que hacer para limpiar nuestra vida de plástico, en lugar de centrarse en la presión para que sean los gobiernos los que lo prohiban, la respuesta de Shanna Swan es rotunda: “No tenemos tiempo. No podemos perder los años que se tardaría en lograrse de esa manera”.
Tenemos a los reguladores para que nos protejan e incorporen a las leyes de la economía el impacto sobre nuestra salud y entorno que estas no recojan. Pero, si no se mueven lo suficientemente rápido, tendremos que reaccionar. Esperar no es suficiente.
Porque nuestras decisiones traen consecuencias. Tu consumo es tu forma de votar cada día por cómo quieres que sea el futuro. Tú tienes el poder de hacer STOP y parar sus fábricas. Elige por dónde empiezas.

Afortunadamente Duralex ya está de vuelta sirviendo a una demanda que vuelve a crecer. Te recomiendo esta preciosa breve historia y evocación de los vasos y vajillas Duralex de Yolanda Aranda).


pienso que la mayoría de personas no somos ( me incluyo por no sé) conscientes del plástico que hay en nuestras vidas