Por defecto
Cambio de perspectiva
Vale la pena dedicarle los menos de 2 minutos que dura a este vídeo que compartió conmigo Luis Mateos Keim. Una vez que lo veas, no volverás a pensar en coches eléctricos y coches de combustión de la misma manera.
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Si no eres de ver vídeos a estas horas, te recomiendo que lo hagas en otro momento. Lo que cuenta Rory Sutherland es difícil de transcribir y traducir manteniendo su agudeza y sentido del humor. Spoiler alert: Imagina que todos los coches son eléctricos y llega un pícaro ingeniero de VW que dice: “Yo tengo una idea mejor”.
Y es que si lo habitual fuese tener un coche eléctrico, todos miraríamos a los coches de combustión, cuyas particularidades damos por hecho, desde otra perspectiva.
Somos esclavos de la inercia y de nuestros modos por defecto. Cualquier cambio empieza con el partido en contra.
El World Resources Institute (WRI) publicó recientemente un estudio sobre el impacto del cambio de hábitos en la reducción de emisiones de CO2. En el que cuantifica que el impacto de nuestras acciones puede ser muy significativo:
La adopción de 11 hábitos pro-clima en los sectores de energía, transporte y alimentación podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de cada particular por 6,53 toneladas al año. Lo que sería más que suficiente para cancelar lo que una persona emite de media en la actualidad (en torno a 6,3 toneladas al año). Sin embargo, los datos también muestran que cuando la gente intenta llevar a cabo estos cambios en el mundo real, sin sistemas de apoyo, su reducción se queda limitada a 0,63 toneladas al año. Tan sólo un 10% de lo que es posible en teoría.
En la misma dirección apuntan los datos del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), que valoran que los cambios de hábitos podrían reducir las emisiones globales hasta un 70% en 2050, de venir acompañados de transformaciones en políticas, industria y tecnología que los faciliten. El potencial es enorme, y eso que estas estimaciones probablemente no incluyen acciones con tanto impacto como consumir menos.
El estudio del WRI apunta como principales apartados para concentrar esos cambios los viajes en vehículo privado y en avión, el suministro de energía en el hogar, y la alimentación, en distinto grado según mayor sea el cambio. Nada supera al abandonar el coche privado y pasarse al transporte público, por cierto.

El estudio además analiza la efectividad de distintas herramientas para facilitar esos cambios. Las organiza en 6 grupos: incentivos y premios, compromisos adquiridos, normas sociales, información más completa, mecanismos de feedback, y arquitectura de las decisiones:

La arquitectura de las decisiones destaca como la herramienta más efectiva, claramente por delante de la adopción de compromisos y una información más completa, que la siguen.
Richard H. Thaler ganó un Nobel en 2017 por incorporar estos conceptos al terreno de la economía, y se le considera pionero de la llamada economía conductual. En su libro “Nudge” (que Joan Tubau traduce como “empujoncito”), escrito junto a Cass R. Sunstein, establece la importancia de “facilitar” la toma de mejores decisiones en un entorno de respeto a la libertad del individuo.
Empujoncitos entre los que el más poderoso es la opción por defecto. Porque nos cuesta cambiar el rumbo de una decisión que ya hemos tomado. El sesgo del statu quo.
Lo saben bien los programadores de webs y apps cuando establecen el modo “por defecto” de las distintas opciones. Que suele coincidir con el que genera mayor engagement, stickiness y, a la postre, ingresos para su creador.
Como los free trials que nos dan días gratis de suscripción a cambio de nuestra tarjeta, a sabiendas de que, una vez autorizada, nos cuesta dar marcha atrás. O el seguro de viaje que incorporamos casi sin darnos cuenta al hacer nuestra reserva. Esas casillas por defecto…
Hasta gobiernos como el inglés se han dado cuenta de su poder y han creado departamentos de behavioral economics, o nudging, para incentivar conductas.
El poder de la opción por defecto. La diferencia entre preconfigurar algo como opt-in frente al opt-out.
Contar con un entorno por defecto favorable a las decisiones que queremos tomar aunque nos cuesten puede ser determinante para llevarnos de la intención a la acción.
Como la reflexión que nos sugería Marel Costa al final del reportaje Buy Now: The Shopping Conspiracy, ¿qué pasaría si Amazon reemplazase el botón de Buy Now por uno de Think Twice? Si nos dijese “Piénsalo dos veces”.
Como concluye Thaler, lo más importante es hacerlo fácil.
Tenemos un problema de “by default” como sociedad. Necesitamos que los sistemas a los que aludían el WRI y el IPCC nos ayuden, cambiando su modo por defecto. Y no basta con creatividades o campañas de marketing, hacen falta procesos, entornos y realidades. Por ejemplo, mejor transporte público, que facilita que no movamos el coche.
Pero no basta con esperar a que nos lo den hecho. Cada uno podemos y debemos impulsar nuestro cambio interior y decidir cuál queremos que sea nuestro modo por defecto. Porque las decisiones que no se toman también son decisiones. Con sus consecuencias.
Y es que reírse de los coches de combustión aunque sigan siendo la opción “por defecto” no sólo es un ejercicio sano, sino que puede ser aplicable a otros aspectos de nuestra realidad que también resultan paradójicos. Y que algo acabe haciendo click. Es tan sencillo como cambiar nuestra perspectiva.
Como los edificios que no permiten abrir las ventanas, y el uso del aire acondicionado cuando hace buen tiempo en el exterior. ¿A quién se le pudo ocurrir que estar encerrado en una jaula de hormigón y cristal es mejor que el contacto con nuestro entorno natural? ¿Y sus efectos sobre la salud? Tanto aislamiento sólo puede debilitarnos como especie (como bien nos recuerda Francisco Colom).
O pasar el día en atascos y buscando aparcamiento cuando se puede optar por el transporte público o andar un rato. ¿Vamos a sufrir el stress de la conducción cuando podríamos ir disfrutando de una buena lectura mientras nos lleva el tren o el autobús, o darnos un buen paseo? Por no hablar del mayor coste y consumo de recursos del vehículo privado.
Algunos ya estamos metidos en el viaje de hacernos estas preguntas. Y cuando uno controla la opción por defecto, algo se siente mejor. E incita a influir para que esos sistemas nos la faciliten.
Hasta ChatGPT lo sabe. Antonio González Barros comparte lo que le respondió al preguntarle qué es aquello que “le gustaría” que la humanidad supiera y que quizás aún no sabe, algo de lo que muchos no nos demos cuenta:
Tu atención es el recurso más poderoso. Recuperar tu atención es un acto de resistencia, autopreservación y cuidado por los demás. Te permite vivir por diseño en lugar de por defecto. Recuérdalo.
Y tú, ¿cuáles son tus opciones por defecto? ¿cuáles te gustaría que fuesen a partir de hoy? ¿puedes ayudar a cambiar el opt-In de los demás? ¿vives por defecto o por diseño?
Si todavía te cuesta pensar que puedes cambiarlo, piensa que en los años 60 se aparcaba en la Plaza Mayor de Madrid. Hoy nos parece inimaginable. El futuro será lo que queramos.



Muy bueno el video y tus reflexiones!
En mi opinion, uno de tus mejores artículos, y eso que el listón está alto. Solo por el vídeo ya vale la pena. El cambio de perspectiva, jugando a la inversa, es muy revelador. Nos recuerda el peligro de la inercia, la necesidad de cuestionar el “siempre se ha hecho así” y la importancia de imaginar alternativas mejores.
He disfrutado la conexión con la economía conductual de Thaler y Sunstein y sus "empujoncitos", en los que estoy particularmente interesado desde el punto de vista del diseño del entorno. El ejemplo final me recuerda que, hasta hace nada, había coches circulando por Times Square en Nueva York, algo que hoy sería impensable proponer.
Reimaginar lo existente y revisar nuestros hábitos es clave para no convertirnos en víctimas de la inercia social y cultural.