Usar y tirar
Cómo medir el progreso
Más de un tercio de los plásticos son de un solo uso. Diseñados para usarse una vez y convertirse en basura. Pese a que tardan cientos de años en degradarse por la naturaleza y en la mayoría de los casos no se pueden reciclar.
¿A quién se le pudo ocurrir esta combinación? ¿Somos la especie más inteligente o la que mayor capacidad tiene para el autosabotaje?
Porque el problema del plástico de un solo uso es un problema de materiales, pero sobre todo un problema de hábitos. De una sociedad de consumo incapaz de rectificar sus costumbres aunque vea que el resultado es catastrófico, y de un sistema que nos abruma con el ruido que queremos para que no nos detengan los remordimientos.
El kleenex es el invento más consecuente del siglo XX. El día que nos convenció a dejar de usar y cuidar nuestros pañuelos de tela nos indicó el modelo del consumo que venía. La sociedad kleenex.
Y es que en la historia de la humanidad el usar y tirar era una anomalía. Pero ahora parece que no podemos renunciar a ello. Tanta comodidad nos mata.
Lo que se generalizó con las pajitas y las botellas de plástico lo llevamos a la moda. Del fast fashion al ultra fast fashion. Prendas que usamos de media 7 veces - que bajan a 3 si son de Shein. Que no duran ni un mes. Ni una semana. Vivimos la moda de usar y tirar.
Es una tendencia imparable. Lo único que cambia es el ciclo. ¿Qué es, si no, la obsolescencia programada? ¿Los móviles diseñados para cambiarlos cada año? ¿Los electrodomésticos cuyas piezas desaparecen del mercado cuando las necesitamos? ¿Para qué fabricar cosas duraderas pudiendo hacer todo de usar y tirar, que es más cómodo y siempre nos mantiene a la última? ¿Para qué mantener lo que se puede sustituir?
Usamos y tiramos. Y que alguien se encargue de recogerlo y hacer algo con ello. Que ya haremos el esfuerzo de separarlo por contenedores, pero no nos pidáis más. Pero por favor quitadlo de nuestra vista. Ojos que no ven, corazón que no siente.
A nadie debería de sorprender que actuemos así. Al fin y al cabo, así es cómo medimos el progreso de las naciones y la economía mundial. Usar y tirar va genial para que aumente el PIB. Nuestra economía se basa en producir y no en mantener las cosas. Si talamos el Amazonas, sube el PIB del Brasil, pero si lo protegemos no. Cada vez que usamos y tiramos mejora la economía mundial.
Usar y tirar es la filosofía de nuestras vidas. Probablemente sólo nos queda llevarlo a las personas. ¿O tal vez ya lo estamos haciendo? Cuidado con las plataformas que convierten a la gente en una imagen en nuestra pantalla, podemos acabar pensando que son cosas. O confundirles con los seres artificiales que hemos inventado para que los mejoren. Y acabar de vaciarnos y quedarnos en nada.
Mejor despertar y darnos cuenta que los residuos de todo lo que usamos y tiramos están ahí, ahogando nuestro entorno y poniendo en peligro nuestra salud, y algo tendremos que hacer con ellos. Si no es por nosotros, por la siguiente generación. Salir de Matrix. Apreciar y cuidar lo que nos rodea. Y redescubrir esa naturaleza a la que hemos declarado la guerra sin querer reconocerlo, que tiene más beneficios para la salud que los artículos de usar y tirar.
Y tal vez ayudaría empezar desde arriba y preguntarnos si no hay mejores formas de medir el progreso. Un cambio de paradigma que cambie nuestro curso de acción. Como un PIB que se base en conservar y no en destruir. Que lo bueno sea conservar el bosque y no talarlo. Que dé sentido a una economía en la que el mantenimiento prime sobre la producción. Basada en la circularidad y en la regeneración, y no en la explotación ilimitada de recursos.
¿Podemos ponernos un objetivo de “crecimiento zero waste” como civilización? Por ejemplo, restando la extracción de recursos, las emisiones y los residuos al PIB. Y sumando los efectos regeneradores. Jason Hickel propone sustituir el PIB por el Indicador de Progreso Genuino, restando las externalidades negativas, tanto sociales como medioambientales del mismo.
Lo que no se mide, no se mejora. Pero medir algo que no nos hace mejores, nos empeora. ¿Y si elegimos un objetivo que nos lleve realmente a la prosperidad?
Quizás entonces cambiemos de costumbres de nuevo y descubramos que nos satisface más rodearnos de cosas que vale la pena cuidar, fabricadas para durar, que preguntarnos en qué contenedor hay que tirar lo que apenas usamos. No sólo porque sintamos que estamos alineados con la naturaleza, y nuestro entorno mejora. Una vez iniciada la ruta del menos es más, escucharemos lo que hoy nos tapa el ruido. Y quizás nos resulte más fácil ser felices.




Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?