Zero Waste
De residuo a recurso
Si leíste Planeta Basura y te quedaste frustrado por ser parte de “la civilización de la basura”, hoy toca la revancha, en clave de solución. Y es que aspirar a un Planeta con objetivo “basura cero” (el popular “zero waste”) es un reto comparable a las “cero emisiones” de gases de efecto invernadero para detener el cambio climático.
Pero contamos con una herramienta para conseguirlo: la economía circular. Como resume la Ellen MacArthur Foundation, “si la basura es la representación visual más clara de la economía lineal, su eliminación es uno de los principales objetivos de la economía circular”.
Porque un rediseño de nuestra economía y procesos, como si empezáramos desde cero, puede convertir un problema (basura) en solución (cubrir necesidades). Hacer de los residuos recursos. Pasar de la economía lineal a la circular.
Para ello tenemos que “coger el toro por los cuernos”: Dejar de ocultar y mover basura y marcarnos como objetivo su eliminación. Entender cómo la generamos y qué hacemos con ella, y qué necesitamos que ocurra para convertirnos en una civilización de “basura cero”.
De dónde viene tanta basura
El mundo de los residuos es muy amplio. Aunque típicamente pensamos en la basura que generamos como consumidores, esta es sólo un porcentaje reducido del total. En el caso de España, menos del 20% de las más de 100 millones de toneladas producidas al año. El resto corresponde a residuos de la construcción, industriales y de otras actividades comerciales.

Sin embargo, sus retos y complejidad son distintos. Las industrias tienden a generar un volumen mayor de un tipo más homogéneo de residuos, asociados a su actividad específica, y por tanto más fáciles de integrar en un sistema económico junto a proveedores especializados. Los ciudadanos generamos todo tipo de residuos. Sobre todo orgánicos, papel y envases.
Qué estamos haciendo con la basura
Es esta basura residencial, también conocida como municipal, al ser gestionada por los ayuntamientos, la que más nos cuesta eliminar. Y no es porque sea una actividad nueva. Aunque en sus inicios la basura siempre acababa ardiendo en la pira o sepultada o amontonada en un descampado.
Convertir estos residuos en recursos es un proceso de sofisticación creciente, con la integración de tratamientos de economía circular, sean técnicos, como el reciclaje, o biológicos, como el compostaje industrial o su conversión en combustibles como el biogás o el biometano, mediante un proceso conocido como digestión anaeróbica.
Dicha evolución de tratamientos también coincide con una mayor valorización de los residuos en cada caso: Nula en el caso del vertedero, limitada al calor o energía que se obtenga en determinados procesos de incineración, y variable según la calidad de los materiales y las tecnologías disponibles en el reciclaje y los procesos biológicos.
Para conocer el avance de un país en esta evolución, no hay nada como una instantánea del destino final de su basura por tratamiento:
Las diferencias entre países que siguen centrados en el vertedero, como parte de Europa del Este, y otros que prácticamente lo han desterrado, casos de Alemania o Holanda, llaman la atención. Así como el uso de la incineración, cada vez más convertida en valorización energética, relevante en países como Reino Unido, Holanda o Dinamarca, pero muy reducido en la mayoría. Aunque tal vez los datos más relevantes sean el porcentaje que van alcanzando el reciclaje y el compostaje sobre el total, en una escala creciente de sofisticación.
En España, todavía la mitad de la basura termina en vertedero, mientras que reciclaje y compostaje ya alcanzan el 40%, con un peso reducido de la incineración.
¿Cómo está evolucionando esta adopción de tratamientos de mayor valor? En Europa, la tendencia es lenta pero clara: el vertedero, enterrar basura (“landfill” en inglés), va perdiendo peso frente al reciclaje, la valorización energética y los tratamientos biológicos.
Estas opciones no sólo eliminan la basura. Además tienen mayor valor, al convertir estos residuos en recursos. ¿Podemos lograr una evolución más rápida, que nos permita vislumbrar un futuro sin basura?
La solución es circular
Lograrlo implica reemplazar la economía lineal, que es un sistema cuya consecuencia es la generación de basura, por la economía circular, que la evita, imitando a la naturaleza. Primero buscando el máximo aprovechamiento de objetos y materiales desde la fase de diseño, y finalmente “valorizando” sus residuos al final de su vida útil.
A la economía circular de objetos, que protagonizamos los consumidores, y cuyo objetivo es extender la vida útil de cada objeto en su máximo valor, sigue la economía circular de materiales, que persigue aprovechar sus moléculas y átomos cuando su uso ya no sea posible, extrayendo su máximo valor y pureza. Y en la que cambian sus protagonistas: aparecen agentes económicos que gestionan los procesos y mercados que lo hacen posible.
El pionero de la economía circular Walter R. Stahel diferenciaba ambas, hablando de la “Era de R” y la “Era de D”, haciendo un guiño a la inicial con la que empiezan la mayoría de las actividades que implica cada una: R de reducir, reutilizar, reparar, reacondicionar… acciones que alargan la vida de los objetos. D de deconstrucción, de-laminado, de-vulcanizado, despolimerización… hasta extraer y reutilizar materiales lo más puros posibles.
La economía circular de materiales tiene como fin transformar el desperdicio del sistema en recurso valioso. Hacer buena la promesa de que lo que separamos como consumidores se recicla.
Para hacer realidad esta promesa es necesario convertirlo en un buen negocio, para que su rentabilidad facilite un círculo virtuoso que haga imparable su adopción. Y atraiga a estos agentes económicos capaces de materializarlo. Cuanto mejor negocio sea, antes acabaremos con la basura.
El negocio del waste management
Ello supone una oportunidad para evolucionar el negocio de la gestión de residuos, con raíces en el vertedero y la incineración, hacia un negocio de servicios medioambientales basado en la aplicación de la economía circular, desde el ecodiseño a la separación de los residuos.
A lo que se denomina también “valorización”, ya que su objetivo es extraer el máximo valor como recursos de dichos residuos. Como materiales que pueden servir una amplia gama de necesidades, tras agotar las oportunidades de extender la vida de los objetos y sus componentes. Desde el reciclaje de minerales a la producción de energía.
En un momento en el que se habla cada vez más de la escasez de materiales y minerales críticos para procesos productivos clave, rescatar aquellos recursos valiosos que están destinados a convertirse en basura no sólo es una necesidad medioambiental. Además puede convertirse en un gran negocio.
Es lo que William McDonough, pionero de la economía circular con la metodología “cradle to cradle”, llama “minar las ciudades”. Poniendo como ejemplo que el valor de extracción de oro en una mina era de 210$ por tonelada, pero ascendía a 7560$ entre los dispositivos móviles desechados.
Pero si estas soluciones se centran en extraer aquellos materiales que son valiosos, ¿qué hacer entonces con el resto de la basura?
Compañías como Terracycle, que lleva más de 20 años convirtiendo sistemas lineares en circulares, parte de la base de que todo puede ser reciclable, “desde un pañal a las colillas de los cigarrillos”, siempre que participen los agentes adecuados y se puedan establecer modelos de negocio.
Como resume su CEO, “que algo sea reciclable depende de que alguien pueda ganar dinero reciclando. Los problemas económicos se resuelven con modelos económicos”. Su fin último es eliminar la idea de residuo. Basura cero.
Afortunadamente, dichas economics cada vez son más favorables gracias a la evolución de las tecnologías que pueden reducir su coste. Incorporando técnicas de automatización cada vez más avanzadas para la separación y tratamiento, impulsadas por la IA. Aprovechando el potencial de reducción de coste de la energía que impulsa la revolución renovable.
Gracias a estas tecnologías, la oportunidad para aumentar la proporción de basura que se valoriza vía reciclaje o tratamiento biológico es enorme. Pero también depende de todo lo que pasa antes. De desplegar todas las estrategias de la economía circular a lo largo y ancho del “embudo de la basura”.
Corregir un error de diseño
Como concluye el antropologo Michael Leube, profesor del IE, la basura es un error de diseño: “somos la única especie en el Planeta que ha diseñado y fabricado basura que no puede ser devuelta a la naturaleza”. Sin embargo, su conclusión es optimista: no es algo que esté en nuestros genes, sino algo cultural. Es una cuestión de diseño que podemos corregir siguiendo los principios de la economía circular.
Y es que se atribuye al diseño un 80% del impacto de la producción en la economía circular. Lo que implica pensar en el ciclo completo de vida y valorización del producto previo a su fabricación, como por ejemplo:
Eligiendo materiales que sean biodegradables o fácilmente reciclables, evitando en la medida de lo posible aquellos cuyo reciclaje no es posible o atractivo económicamente, como el plástico.
Facilitando la separabilidad para el aprovechamiento posterior del producto o sus componentes, preferentemente como objetos y en última instancia como materiales.
Diseñando de forma conjunta el producto y los servicios y modelo de negocio asociados. Para primar su mantenimiento y reparabilidad, pero también que el productor se responsabilice de todo el proceso de principio a fin, incluido el valor residual final. Y de esta forma tenga el mayor interés posible en que no genere residuos.
El embudo de la basura
Pero llegar al zero waste requiere también la participación activa de todos, reduciendo la boca del “embudo de la basura”, para que la basura que entre en el mismo sea más fácil de tratar por los agentes del waste management.
Porque si “el contrato social del reciclaje” se basa en que nosotros separamos para que otro valorice, hacer bien la separación de los residuos por tipología (lo que llamamos “reciclar” en contenedores separados) no sólo facilita que ocurra. Tiene un impacto directo sobre las economics de los agentes de la economía circular. Con independencia de que el proceso de separación a partir de ahí sea cada vez más eficiente con la incorporación de nuevas tecnologías.
Volver a las buenas costumbres
Todo ello sin olvidar la acción dónde podemos tener más impacto. La primera R de la economía circular: Reducir.
Algo que tienen muy en cuenta los municipios, que son los principales pagadores de la factura de recogida y tratamiento de residuos. Para lo que impulsan programas buscando una mejor educación ciudadana que eleve nuestra sensibilidad para generar menos basura.
Estos programas en ocasiones van un paso más allá. Como poner un precio a la basura que producimos. En este ejemplo en Massachusetts, pasar de un esquema de tasa de basuras de cuota fija a uno basado en las bolsas que cada uno genera (“PAYT” ó “pay-as-you-throw”) redujo a la mitad la basura generada total y el presupuesto municipal necesario. ¡La mitad! Y es que las personas reaccionamos a los incentivos.
Conseguir ese cambio de chip, que con frecuencia tiene más impacto en los residuos de menor valor y mayor daño medioambiental, como los envases de un solo uso, es fundamental para acercarnos al zero waste.
Porque lo que más impacto puede tener para reducir residuos es eliminar todo el consumo innecesario que acaba convirtiéndose en basura, aplicando los principios básicos de “comprar menos, elegir bien y hacerlo durar”.
En cierta medida, volver a las buenas costumbres, cuando las cosas duraban más y apenas se generaba basura.
Lo que supone rescatar aquellas prácticas que lo facilitaban, como que el productor se haga cargo de los envases. Aprender de lo que funcionaba antes del Crying Indian.
Paradójicamente, son principios que empezamos a ver en iniciativas como Loop, liderada por Terracycle, que, para transformar envases de un solo uso en envases de uso múltiple, devuelve la propiedad de los envases a los fabricantes, facilitando a los consumidores su devolución para extender su vida útil. Dando la oportunidad a las marcas de añadir un punto de calidad y diferenciación a sus detergentes, helados y champús en envases de vidrio y acero.

Es mucho lo que podemos hacer como consumidores. Pero la solución también pasa porque las empresas se responsabilicen de la vida completa de lo que producen, incluido su destino final, lo comuniquen de forma transparente, y los reguladores lo garanticen. Que fuerce a pensar en la basura en términos de economía circular, desde el diseño hasta el final de su vida útil.
Cuando la basura es un negocio
Tenemos que hacer que la basura sea un buen negocio para que desaparezca. Que pasar de residuo a recurso salga a cuenta. Que el coste de transformarlo sea tan bajo que nos la quiten de las manos. Que sea mucho más barato que esconderla y enviarla por el mundo.
El éxito a largo plazo vendrá de crear las oportunidades para que hacerlo no sólo sea rentable, sino más atractivo que extraer materiales nuevos. Con su efecto positivo también en reducir emisiones.
Tanto que puede que en un futuro no haga falta ni hablar de economía circular para referirse a la gestión de residuos. Simplemente se haya convertido en lo habitual al ser la forma más eficiente y competitiva de procurar los recursos necesarios. La forma natural de enlazar nuestra producción y prosperidad. Ojalá.
Porque la basura es un problema que tiene solución, si combinamos regulación, participación ciudadana, tecnología y modelos de negocio. Y donde se resista, como en el plástico, tendremos que buscarla o encontrar una alternativa. Podemos aspirar a un Planeta con “basura cero”. Zero waste.





Me ha gustado mucho. Como siempre, no solo presentas los problemas y desafíos a los que nos enfrentamos, sino también las soluciones y oportunidades en las que centrarnos. Ni catastrofismo ni tecnooptimismo acrítico. La idea de que la basura es un problema de diseño y, por lo tanto, tiene solución, me ha calado especialmente. Y ¡gracias por la mención!