Abundancia
Entre la escasez y la suficiencia
Cuentan las crónicas de Plinio la historia de un herrero que portó un novedoso plato a la corte del emperador Tiberio. Fabricado con un nuevo material, llamativo, ligero y casi tan brillante como la plata, lo que llamó la atención del emperador.
El herrero contó que lo había extraído a partir del barro, utilizando una técnica secreta sólo conocida por él y por los mismos dioses. Tras escuchar el relato, Tiberio ordenó la decapitación del herrero, preocupado por el efecto que dicho descubrimiento pudiese tener sobre el valor de su inmensa fortuna en oro y plata.
El material era el aluminio, del que no se conservan crónicas posteriores hasta el siglo XIX, y que hoy es considerado el tercer elemento más abundante en la corteza de la Tierra. No fue hasta el desarrollo de la electrólisis en 1886, mediante el uso de electricidad para liberarlo de la bauxita, que se extendió su uso como un material ligero, flexible y barato. Entre medias, la ejecución del herrero que conocía una técnica secreta por Tiberio nos privó de su aprovechamiento durante casi dos milenios.
Con esta historia comienza “Abundancia”, el libro de Peter Diamandis y Steven Kotler. Sobre la que ilustra cómo la historia está llena de recursos que una vez fueron escasos pero, gracias a la tecnología, se han convertido en abundantes. Soportando su tésis principal: Con la tecnología adecuada, hay pocos recursos que sean realmente escasos. Lo que son es inaccesibles hasta que se encuentra la forma de extenderlos. Pero aún así seguimos mirando al mundo desde el prisma de la escasez.
Publicado en 2012, su perspectiva es totalmente coherente con la trayectoria de Peter Diamandis, co-fundador de la Singularity University y del premio XPRIZE, Y responde a un momento de optimismo en la historia de la humanidad, de convencimiento de que el mundo se encaminaba hacia una fase superior en la que un plan compartido global posibilitado por el pensamiento exponencial podrían llevarnos a resolver cualquier problema.
“Abundancia” plantea, soportado por múltiples historias, cómo la abundancia resuelve todos los problemas conocidos y que gracias a ella “el futuro es mejor de lo que piensas”.
Propone como marco para mejorar la calidad de vida de los 9 billones de habitantes del Planeta la pirámide de la abundancia. Integrada en su base por agua, comida y herramientas de cooperación y en su cima por energía, educación, salud y libertad. Todo posibilitado por las tecnologías exponenciales que lo facilitan, impulsadas por emprendedores, filántropos y el empoderamiento de la “base de la pirámide”.
Otra publicación mucho más reciente, de marzo de 2025, coincide en su título y ha vuelto a traer la discusión sobre abundancia a un primer plano. Se trata de “Abundancia” de Ezra Klein y Derek Thompson, que propone llevar la idea de abundancia al terreno del gobierno público, y convertirla en una idea central del debate político, en este caso muy centrado en USA.
Conforme a sus autores, un Gobierno debe impulsar la abundancia, convirtiéndose en facilitador para que los agentes sociales y empresariales puedan construir y fabricar aquello de lo que no hay suficiente: viviendas, salud, energía. Y así hacerlo accesible a todos los que lo necesitan. Luchando contra los NIMBYs y otras fuerzas inmovilistas que lo impiden aferrándose a sus intereses particulares y retrasando el desarrollo.
Aunque su contexto es diferente, el foco de ambas obras está en resolver los problemas en los que la escasez duele (agua, comida, energía, vivienda, educación, salud y libertad), haciendo de la abundancia el remedio aspiracional para superarlos.
¿Es la abundancia la solución a todos nuestros problemas?
Los límites de la escasez
La historia de la humanidad podría resumirse como una lucha contra la escasez. Lo que coincide con la visión de Diamandis: la escasez es el enemigo. Incluso la mera amenaza de escasez, que señala como fuente de conflictos y violencia. Es necesario acelerar las innovaciones de la abundancia para acabar con ella.
Pero, aunque todavía son muchas las áreas dónde necesitamos los beneficios de la abundancia, cada vez hay más espacios en los que parece que ya tenemos mucho más de lo que necesitamos.
Porque la abundancia está mal distribuida. No sólo entre los 9 billones de habitantes del planeta. Los focos de creación de abundancia no coinciden con la pirámide de Diamantis. Esta abundancia en opciones de consumo oculta la escasez en bienes que importan mucho más. Como sociedad y como planeta.
Hemos pasado de ser una especie que cada día tenía que luchar por la supervivencia a, gracias a la tecnología, acostumbrarnos a la abundancia. Tanta que, una vez cubiertas nuestras necesidades, nos está complicando la vida, fabricando cosas que no usamos y luego tiramos al ritmo del consumismo. Generando una abundancia de basura que no somos capaces de absorber.
Los límites de nuestro planeta
Y no es que haya desaparecido la escasez. Se sigue hablando de recursos y materias primas, cuya demanda en los próximos años se estima muy superior a la oferta hoy conocida, como el cobalto, el níquel e incluso el cobre. O las llamadas “tierras raras”.
Tal vez seamos capaces de satisfacer su demanda mediante técnicas más avanzadas o encontrar alternativas, replicando la magia de la abundancia como hicimos con el aluminio. Pero hay otros límites más difíciles de superar.
Son los propios límites del Planeta, amenazados por nuestra demanda indiscriminada de abundancia. Cada año ya consumimos casi el doble de lo que regenera el Planeta, como resume el Earth Overshoot, y hemos excedido la zona segura de 7 de los 9 límites planetarios que miden su salud como ecosistema para la vida humana.
Cada día andamos más escasos de los recursos más importantes para nuestra vida en este planeta, como la biodiversidad o el agua dulce, aunque nos sobren los dispositivos electrónicos y las prendas de Shein. Algo que sólo puede solucionarse revisando el equilibrio entre degradación y regeneración.
Los límites de nuestras capacidades
Tal vez no estamos preparados para la abundancia. No la sabemos gestionar. Es como si siguiéramos siendo nuestra encarnación primitiva que atrapa y acumula todo lo que se pone a su paso, porque no sabemos qué nos espera mañana. Nos haga falta o no.
Más que prosperar gracias a la abundancia, parece que la hemos convertido en derroche, impulsada de forma imparable por el consumismo.
Pero, cuando algo es abundante, crea nuevas áreas de escasez. Así lo resume el emprendedor e inversor Albert Wenger en “The World After Capital”:
El progreso tecnológico ha cambiado la escasez para la humanidad. Cuando éramos recolectores, la comida era escasa. Durante la era agraria, era la tierra. Siguiendo la revolución industrial, se hizo escaso el capital. Con las tecnologías digitales, la escasez ha vuelto a moverse. Tenemos que aprender a vivir en un mundo en el que la única escasez es la de nuestra atención.
Es más, “la atención es un acto moral”, como nos hizo ver Iain McGilchrist: La atención no sólo es receptiva, sino que altera y crea activamente el mundo en que habitamos. Lo que nos preocupa y lo que no. Lo que nos moviliza.
Es nuestra atención, nuestro buen criterio, lo que escasea ante tanta oferta, Seguimos aferrados al “mejor que sobre que no que falte” aunque no sepamos administrar tanta opción.
Nadar en la abundancia
En nuestros mejores sueños tecno optimistas existe un futuro de abundancia genuina de recursos que aseguran un futuro mejor. Y que si sabemos jugar nuestras cartas puede hacerse realidad.
Un futuro en el que la energía renovable y la economía circular posibiliten la “abundancia por diseño” de forma compatible con la regeneración de los recursos naturales del Planeta. Un sueño a nuestro alcance por el que vale la pena luchar.
Otros nos prometen mucho más. Jensen Huang, el CEO de Nvidia, explica por qué la Inteligencia Artificial es diferente a todo lo anterior y nos va a proporcionar mucha más abundancia de la que ni siquiera podemos imaginar: “el software que conocíamos hasta ahora nos proporcionaba herramientas, como excel o powerpoint, pero la IA no nos da herramientas, sino trabajo”: una capacidad infinita de trabajo a nuestra disposición para realizar todas las tareas que necesitemos.
Como dice Elon Musk, en un mundo dónde la Inteligencia Artificial va a crear todavía más abundancia, el reto va a ser apreciar el valor de las cosas y encontrar propósito.
¿Seremos capaces de nadar entre tanta abundancia? ¿O perderemos la capacidad de gestiionar límites que nos ha hecho prosperar como especie? ¿Haremos obsoleta la gestión de recursos escasos que define la economía? ¿O tendremos que recordar la sabia advertencia de Santa Teresa de Ávila: “se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”?
Fabricar escasez
Incluso en este escenario utópico, no esperemos que la abundancia acabe con la escasez.
Según hacemos unas categorías abundantes, otras se resienten resultado de los recursos que demandan, pero también otras aparecen.
Las mismas fuerzas que nos sirven la abundancia nos fabricarán la escasez en nuevos territorios para que nuestras necesidades percibidas nunca se colmen, creando deseos miméticos e infinitos que sustituyan a los que ya no lo son. Nuevos símbolos de status que no nos querremos perder. Porque lo escaso siempre se puede convertir en valioso.
Por eso necesitamos una estrategia de defensa contra la abundancia como remedio absoluto. De forma urgente, porque nuestro planeta sí tiene límites que ya están comprometidos. Y de forma absoluta, para protegernos frente a nosotros mismos. De nuestros instintos de cazadores recolectores capturados en la trampa del consumismo.
Tenemos que redefinir nuestra relación con la abundancia. Y con la escasez. Decidir cuánto es suficiente.
Suficiencia
Cada vez se habla más de suficiencia. Aunque “se vende” peor que la abundancia. ¿Por qué plantarnos cuando podemos tener más?
Porque la suficiencia no es escasez. Es saber cuando ya tenemos bastante y entender que no necesitamos más. Decidir cuándo tenemos suficiente abundancia.
Lo retrata Morgan Housel al hablar de la psicología del dinero: si eres feliz, tener más te podrá hacer más feliz; pero si eres infeliz, tener más no lo solucionará. Aunque te hagan creer que la abundancia resolverá todos tus problemas.
Lo bueno de la suficiencia es que ponerla en práctica es tan sencillo como decir no. Basta. Suficiente.
Dejemos que las fuerzas de la abundancia sigan repitiendo la magia del aluminio para resolver los problemas mollares de agua, comida, energía, vivienda, educación, salud y libertad, sin perder el norte de restablecer el equilibrio del planeta.
En paralelo, asumamos nuestra responsabilidad para decidir cuánto es suficiente. Y no dejarnos llevar por los deseos infinitos de una escasez fabricada. Que tampoco trae la felicidad. Satisfechas las necesidades básicas, todo está en nuestra cabeza y en la pirámide de Maslow que nos construímos.
Porque, una vez cubierta esa base, la abundancia y la escasez son realidades subjetivas. No dejemos que la abundancia material venga con escasez de espíritu y nos reste riqueza interior.
Al igual que la abundancia resuelve los problemas de la escasez, la suficiencia resuelve los problemas de la abundancia. Decidamos dónde ponemos nuestra atención y cuánta abundancia es suficiente.




Qué bueno. Una alegría encontrar este texto cuando mañana celebramos Abundant Futures Live, organizado por MASS, con ponentes como Ezra Klein y que se podrá seguir también online. Más info: AFlive.org
MASS lleva tiempo reflexionando sobre el concepto de abundancia y sobre cómo definirlo. Nuestra filosofía parte de la idea de que abundancia no es exceso, sino equilibrio. En términos ecológicos, si observamos la naturaleza, una especie es abundante cuando prospera en armonía con su entorno. Lo mismo ocurre con las sociedades humanas: cuando restablecemos el equilibrio entre las personas y el planeta, creamos las condiciones para que todos puedan prosperar, algo que destacas en tu texto.
Leerte me anima a escribir más sobre ello y a compartir lo que surja del evento en las próximas semanas. Gracias.
En esta Jose Maria, estamos en completa sincronía. El tema de la atención y la suficiencia es parte de la revolución moral de la que hablaba en el post que te compartí el otro día.
Siempre un placer leerte!