El final de la cuenta atrás
Evitar lo irreversible

En la Union Square de Nueva York hay un reloj que avisa que nos quedan 4 años y 165 días para limitar el calentamiento global a 1,5ºC. Dicho contador puede verse también en otras ciudades como Berlín, Seúl, Roma y Glasgow y consultarse en tiempo real en esta web.
Paradójico al haber superado ya ese nivel de temperaturas, se basa en el margen de “presupuesto de carbono” que nos quedaba en base al ritmo de emisiones de 2021 (mayor detalle y explicación cientíifica aquí). Y pasa el mensaje.
Hace menos de un año, Simon Stiell, Secretario Ejecutivo para el Cambio Climático de la ONU, anunciaba que nos quedan “2 años para salvar el mundo”, como plazo crítico para materializar los planes que pudiesen llevar a la práctica el acuerdo de París.
Pero este tipo de estimaciones envejecen mal. Son difíciles de entender y cumplir, y manipulables en su formulación e interpretación. Pueden resultar hasta contraproducentes, si la llamada a la acción que contienen acaba desmentida por los propios hechos.
Cuanto mayor catastrofismo, mayor riesgo de descrédito. Lo aprovecha Bjorn Lomborg al mencionar que AOC anunció que el mundo iba a terminarse en 12 años. O el famoso ultimátum de Greta Thunberg, por el que en 2018 mencionaba que nos quedaban 5 años para dejar de usar combustibles fósiles y evitar el fin de la Humanidad.
¿Acaso alguien sigue haciendo caso a la cuenta atrás? Abusar del sensacionalismo nos puede llevar a la indiferencia.
El AR6 del IPCC, probablemente el documento de base científica con mayor consenso sobre la amenaza que supone el cambio climático, no establece una cuenta atrás como tal, pero sí enumera un buen número de probabilidades y riesgos, fundamentalmente ligados a los umbrales de temperatura derivados de superar el +1,5ºC y el +2ºC, y enfatiza la importancia de evitarlo antes de 2030, dadas las consecuencias irreversibles que implica. Al describir el mundo por encima del límite de París, incluye párrafos propios de un relato de terror. Por ejemplo:
Se espera en todos los escenarios que fenómenos hoy extremos en el nivel del mar que ocurren 1 de cada 100 años pasen a ocurrir al menos anualmente en 2100 (B.1.4.)
De no limitarse por una rápida, profunda y sostenida reducción de los gases de efecto invernadero, algunos cambios futuros serán inevitables y/o irreversibles, cuya probabilidad sube abruptamente con el aumento de las temperaturas. (B.3). Cambios que afectan, por ejemplo, a la subida del nivel del mar (B.3.1.), la biodiversidad (B.3.2) o incluso el colapso de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), que podría llevar a diferencias en nuestro clima de hasta -30ºC. (B.3.3).
En caso de sobrepasar los límites de París, será muy complicado dar marcha atrás. Los impactos adversos en este escenario causarían a su vez un calentamiento adicional realimentado por los propios fenómenos extremos producidos, tal como el aumento de los incendios, la desaparición masiva de árboles, la desecación de la turba, la descongelación del permafrost, el debilitamiento de los sumideros de carbono naturales y el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, que dificultará volver a la situación actual (B.8.7.1).
Pasar de 1,5ºC tendrá impactos adversos irreversibles en ecosistemas como el polo, la montaña y la costa, impactados por el derretimiento de los hielos polares y los glaciares, llevando a la subida del nivel del mar (B.8.7.1).
Pese a no fijar fechas concretas para los distintos escenarios, el AR6 del IPCC deja claro que existen enormes riesgos irreversibles e impactos adversos crecientes, más complejos y difíciles de gestionar, aunque algunos pueden tardar en llegar varias décadas. Y que cada año cuenta para evitarlo.
De hecho, los escenarios en el AR6 de 2021 se han agravado respecto a los que recogía el AR5 de 2014. El informe incluso menciones que muestran lo sensible que resulta cada año en la proyección, como que una gran erupción volcánica podría retrasar esta evolución entre uno y tres años (B.1.5.).
Urgencia e inercia
¿Cuánto nos queda entonces? Como diría Bad Bunny, nadie sabe.
Lo que sí sabemos es que la evolución del cambio climático es exponencial, como evidencia la progresión de temperaturas en los últimos años. Cada año es más difícil corregir el curso que el anterior.
También sabemos que, de materializarse, algunos de estos riesgos son irreversibles y no tienen marcha atrás. Son saltos cualitativos hacia un territorio desconocido, fuera del equilibrio que ha mantenido la Tierra como un lugar ideal para la vida humana.
La mejor manera de reducirlos es emprender reducciones drásticas e inmediatas sin esperar. Hacer frente a la inercia con urgencia.
Aunque no sepamos cuándo, es importante saber que hay una cuenta atrás, y que lo que logremos hoy vale mucho más que lo que logremos mañana, que puede ser demasiado tarde.
Y es que el final de la cuenta atrás puede presentarse en cualquier momento. De nuevo Bad Bunny: nadie sabe lo que va a pasar mañana.
Lo más probable es que la certeza de la cuenta atrás no se haga realidad en un reloj en Union Square o por una orquestada llegada del Apocalipsis, sino por un colapso parcial irreversible y muy visible, apto para que los medios lo conviertan en pánico masivo. Suficiente para que incluso los negacionistas pasen miedo y piensen que pueden ser los próximos. Que piensen en cómo salvarse.
¿Qué nos puede sacar de la inercia y darnos un sentido de urgencia? Si nos atenemos a cómo estamos reaccionando como sociedad, toca ser pesimistas. ¿Vamos a tener que agotar las siete etapas del negacionismo climático?
¿Es que necesitamos una gran catástrofe para reaccionar? ¿Será un colapso de la Antártida o de Groenlandia? ¿El hundimiento de una gran metrópolis bajo el mar? ¿O que la frecuencia de incendios como los de Los Angeles o inundaciones como las de Valencia se convierta en insoportable?
Quizás entonces reaccionemos. O al menos lo intentemos. Y quizás sea tarde. Porque hay puertas de entrada por las que luego no se puede salir.
No hagamos como “la rana que no sabía que estaba hervida”, porque, cuando nos decidamos, ya será demasiado tarde. Desgraciadamente, cada mes los datos hacen pensar más que podemos estar convirtiéndonos en esa rana:

Mientras tanto, nuestro mejor shot es ser conscientes de que el mejor momento para evitar estas pesadillas es ahora. Cambiando cómo consumimos. Usando la regulación para defendernos. Favoreciendo y acelerando las tecnologías que pueden traernos el futuro. Siendo responsables de las consecuencias de nuestras elecciones.
¿Qué tiene la inercia que vence a la urgencia? ¿Es que nos vamos a rendir a ella? Paremos el mundo, decidamos qué futuro queremos y hagámoslo pasar. Paremos la inercia. Detengamos la cuenta atrás.





Creo que una de las razones por las que la narrativa del cambio climático no ha calado del todo en la sociedad es su enfoque en lo negativo: en lo que ocurrirá si no actuamos. Tal vez deberíamos equilibrar el mensaje entre señalar los riesgos de la inacción y destacar los beneficios del cambio. No se trata solo de esforzarnos para conservar lo que tenemos, sino de comprender que ese esfuerzo puede traducirse en más salud y bienestar, al ayudarnos a eliminar artificialidad y reconectar con la naturaleza.
Muchas gracias por este artículo, siempre es un placer leerte.
La energía nuclear no emite CO2. En los años 80, en que yo estudiaba ingeniería, la izquierda anticapitalista tomó como bandera el "no a la energía nuclear", cuando todos los técnicos sabíamos que las centrales térmicas eran horrorosas (lluvia acida...). En España la ETA secuestró al ingeniero Ryan, chantajeó al Gobierno e Iberduero para parar Lemoniz y a la semana le ejecutó de un tiro en la nuca. Pocos meses después asesinaron, en presencia de su hijo a Ángel Pascual, ingeniero jefe de Lemoniz. España se rindió, y se paralizó el desarrollo de la energía nuclear en España. Todavia políticos de izquierdas como Teresa Ribera (en coalición con Otegui) se han opuesto a esta energía. ¿Cómo puede ser esto compatible con los hechos que tú comentas del problema del CO2? ¿No ha sido utilizado por los grupos de izquierdas anticapitalistas el tema ecológico como instrumento político? ¿No son ellos culpables por haber frenado la energía nuclear? ¿Será que en realidad no se creen el problema del CO2 y que los que defendíamos la energía somos más honestos intelectualmente?