El momento puntocom de la energía solar
Hacia el punto de inflexión
Con el titular “Una verdad incómoda: la fotovoltaica se arruina en España, ¿rescate a la vista?”, El Periódico de la Energía compartía recientemente datos preocupantes para el futuro de la energía solar en nuestro país, que resumía en este gráfico:
Esta caída dramática del precio de la solar fotovoltaica (y por tanto sus ingresos) es resultado de otros titulares impactantes: Sólo un tercio de la electricidad vendida por la solar fotovoltaica obtiene un ingreso mínimo (o sea, el resto se vende a 0€). Y su potencia instalada se ha multiplicado por 10 en los últimos 8 años, “prácticamente el doble de capacidad de lo que la demanda consume”.
Un problema creciente de exceso de oferta que puede llevar al colapso financiero de los generadores solares y a desincentivar la inversión en nuevas instalaciones. “Una ruina”, en palabras de su autor.
Sin duda una paradoja, como apunta Manuel Fernández Ordóñez:
Esto no significa que la solar no sea necesaria. Todo lo contrario. La fotovoltaica es una pieza central de la transición energética. Pero estos datos sí nos obligan a mirar de frente un problema cada vez más urgente: con precios capturados tan bajos, muchos proyectos pueden dejar de ser financiables.
Contamos con una nueva energía, barata y baja en emisiones, capaz de proporcionar la ansiada soberanía energética, pero no somos capaces de dar con un modelo económico que haga rentable y atractivo apostar por ella. Un drama.
Flashback puntocom
Hagamos flashback al año 2000. Tras varios años de “exuberancia irracional” de inversiones desatadas en las puntocoms que estaban construyendo el futuro en internet, una nueva tecnología que iba a cambiarlo todo, el NASDAQ cayó estrepitosamente, perdiendo casi el 80% del valor creado en los años anteriores.
Una inversión desproporcionada para la madurez del mercado y una falta de modelo de negocio motivaron que, en cuanto alguien se dio cuenta que “el emperador estaba desnudo”, se pasase de la euforia compradora a la histeria vendedora, que llevó al cierre de la mayoría de las puntocom que se habían financiado ampliamente durante los años anteriores.

Sin embargo, la nueva tecnología que iba a cambiarlo todo no sólo aguantó, sino que, tras un sano ajuste, resultó reforzada. Y acabó por cambiarlo todo.
Como había ocurrido más de un siglo antes con la crisis financiera de los ferrocarriles, muchas empresas desaparecieron pero la infraestructura quedó, y otras llegaron y la explotaron. Aquellas como Amazon y Google, que entendieron mejor el nuevo entorno y fueron capaces de combinar la mejor experiencia de usuario con modelos de negocio sólidos y escalables, hicieron explotar el consumo y llevaron internet al siguiente nivel. Destrucción creativa en acción.
Las comparaciones son odiosas
Aunque resulte tentador establecer paralelismos, son muchas las diferencias entre el titular de “la ruina solar” y “la burbuja puntocom”. Pero la energía solar tampoco encaja bien con los parámetros tradicionales de la energía.
La energía solar recuerda a internet en cuanto a su rápido desarrollo y curva exponencial de rendimientos crecientes, no tan distinta de la ley de Moore que hizo posible la revolución digital. Con electrones en lugar de bits. Pero también en el reto transitorio de encontrar un modelo de negocio sostenible que permita hacer ganar dinero a sus protagonistas.
Pero las cuestiones de energía son mucho más dependientes de las normativas y el complejo sistema en el que debe integrarse. Y a la energía solar tampoco le sienta bien el traje tradicional de la electricidad, que, con un corte marcadamente regulatorio, viene ajustado a una infraestructura de red que se ha desarrollado sobre una lógica y bases muy distintas.
Un marco que no está pensado para la intermitencia del sol, que, aunque plantea el problema de qué hacer cuando se discontinúa, proporciona muchas horas de generación con la energía más barata y limpia.
Porque la forma de retribuir la energía producida, al precio marginal en cada momento, tiene en cuenta la demanda en tiempo real que exige el consumidor, pero penaliza la dinámica horaria de los rayos del sol, caracterizada por la “curva del pato”, lo que dificulta incentivar la inversión necesaria para migrar a este modelo más barato y abundante.
Y es que un marco construido para proteger a los intereses creados no es lo ideal para la transición a una nueva tecnología, por superior que sea. Y aquí sí que vuelven los parecidos con los inicios de internet. Sobre todo cuando algunos manejan asignaciones económicas que mezclan opex y capex, e incluyen costes de actualización de infraestructura y reducción de producción (“curtailment”).
El momento más difícil
Podríamos decir que la energía solar está pasando su momento más difícil. A diferencia de las energías tradicionales, no es una commodity, sino una tecnología, con una fuente de abastecimiento prácticamente ilimitada y gratuita, que es el sol, y unas economías de escala exponenciales que sólo van a hacer que se abarate cada vez más. Pero sin un modelo de negocio que haga rentable su operativa se hace difícil avanzar.
Momento que podría facilitarse con una regulación que fomente la inversión en nueva infraestructura con visión a largo plazo y un esquema de fijación de precios que ayude a los operadores solares a poner en valor sus aportaciones.
En cualquier caso, parece que una vez más será la tecnología la que nos traerá la solución.
Porque si el gran problema de la energía solar es la intermitencia, su solución es el almacenamiento. Y las baterías, que son las “máquinas del tiempo de electrones” que necesitaban como complemento las placas solares, están alcanzando un punto de inflexión que las hace atractivas en costes, con las mismas ventajas de costes decrecientes a escala. Otro elemento de la revolución electrotech.
Tal vez lo único que tiene que hacer la regulación es facilitar la incorporación más rápida posible de estas tecnologías al sistema, junto a la actualización de la red eléctrica, para que la lógica económica haga su magia.
Hacia el hockeystick
Ya hay indicios de que vamos en esa dirección. En California ya ha hay días en los que el gas cubre solamente un 3% de la demanda. En Queensland (Australia) las baterías ya han sustituido al gas en su función de cubrir los picos de demanda, en cuestión de meses, como muestra esta animación:
En el caso de España, esta apuesta por las renovables ya ha conseguido colocar nuestra electricidad entre las más baratas de Europa. Tendencia que puede acentuarse.
Como propone Daniel Pérez Rodríguez, ex directivo de Holaluz y director general de L’Energètica, en su libro “La superpotencia renovable”, una energía barata es el mejor combustible para el progreso de un país. Sea para venderla directamente, para atraer a las nuevas industrias que la incorporan valor añadido (como los data centers o el hidrógeno), o, dando un paso más allá, para convertirse en un polo de atracción de todo tipo de industrias interesadas en producir más barato. Un súper poder al que España puede aspirar ahora, si sabemos jugar nuestras cartas, dadas nuestras condiciones de sol y viento.
Camino que puede acelerar la salida a la presunta “ruina” del sistema, al atraer antes más demanda que cubra esos picos de energía solar que hoy se pagan a cero dado el exceso de capacidad. Junto a los nuevos focos de demanda de consumidor final como los coches eléctricos o las bombas de calor según vayan aumentando su cuota de mercado.
No conviene olvidar que tras la crisis puntocom es cuando realmente explotó la revolución digital, que sí que lo cambió todo. El famoso “hockeystick” o “palo de hockey” en el que la curva se exponencializa aún más.
Tal vez estemos en el mismo punto de la revolución solar, tan pronto como se consolide este nuevo modelo de negocio. Como ya apuntan numerosas proyecciones.
Tarde más o menos, las tecnologías superiores acaban por imponerse. Aún está por ver quién las monetizará y cómo, pero cada día estamos más cerca.
Y no olvidemos que la solar es más barata todavía una vez incluidos los costes para el medio ambiente. No sólo es la energía más barata, sino también la más limpia para el planeta y nuestra salud.




