Incendios
Culpables y factores

Más de un millón de hectáreas han ardido en Europa en lo que va de año. El equivalente a todo Chipre en llamas. Un triste récord. Cerca del 40% en España, una superficie mayor que la provincia de Álava, como resume Nicolás Dorronsoro. Vidas, paisajes, pueblos.
Ícaro Moyano Díaz lo siente como perder un siglo en un minuto: “Un bosque tarda cien años en ser un bosque”. Me recuerda a las palabras de Mónica Fernández-Aceytuno que compartimos al cerrar la trilogía de El Sistema (3/3):
“La naturaleza es una obra de arte, lleva la firma invisible del azar. Cuando tú destruyes un bosque no lo puedes reconstruir. El bosque primario es el que no lleva la firma de la mano humana, sino del pájaro, del azar, del tiempo… No hay vuelta atrás, se destruye una biosfera que llevó millones de años”.
¿Nuestra respuesta? Buscar culpables. Y cada uno encuentra los suyos. Es fácil valorar a toro pasado un cúmulo de despropósitos. Pero lo que necesitamos son soluciones. Evitar que se repita. O al menos reducirlo al máximo. Adelantarnos.
Y hay hechos que justifican la rabia y la reacción inmediata: Se estima que en torno a un 60% de los incendios en Europa han sido provocados. La inversión pública en prevención de incendios ha caído a la mitad en España entre 2009 y 2022.
A lo que algunos también añaden que el fuego siempre ha estado ahí. Y es cierto: Los incendios causados por causas naturales como tormentas han formado parte del ciclo ecológico en muchos ecosistemas, que incluso se ven reforzados al eliminar algunas especies y fortalecer otras. Algo conocido en el medio rural, donde ha sido habitual reforzarlo mediante quemas controladas.
Cada fuego tiene su historia. Pero raramente tienen un único culpable. Son la suma de factores cuya combinación es cada vez más explosiva.
Porque los incendios son cada vez más fáciles de iniciar y más difíciles de extinguir. Mas cuando cada vez más nos enfrentamos a la imposibilidad de hacer frente a múltiples megaincendios simultáneos, mucho más difíciles de controlar.
Si queremos que no sigan yendo a más, tenemos que entender bien los factores que los causan y hacerlos frente.
Clima y fuego
De alguna forma, ya estábamos avisados de lo que podía pasar este verano. Porque hemos seguido una secuencia muy similar a lo que pasó en Los Angeles a principios de año. En 3 pasos que resume el climatólogo Andrew Dessler:
El ciclo comienza con períodos de lluvia abundante, que promueven el crecimiento de la vegetación y la acumulación de biomasa.
Seguido por condiciones de sequedad y altas temperaturas, en las que la vegetación se seca, y se convierte en potencial munición para un incendio.
A lo que se añade una fuente de ignición y vientos fuertes que extienden el fuego resultante. Siempre habrá chispas que inicien el fuego, tanto humanas como naturales. Pero una vez que el viento extiende el fuego, puede ser prácticamente imposible extinguirlo.
Y es que el clima es uno de los factores determinantes del aumento en frecuencia e intensidad de los fuegos. Dessler lo resume de forma elegante:
El cambio climático no causa estos factores. Pero sí puede afectarlos. Por ejemplo, está demostrado que el cambio climático está haciendo la lluvia más variable, con mayores oscilaciones entre extremos húmedos y secos. Lo que provoca el crecimiento de la vegetación y que luego se seque. Adicionalmente, un mayor calentamiento acentúa que la vegetación se seque, al aumentar las tasas de evaporación y entender los períodos de sequía.
De esta forma, el cambio climático se convierte en un turbopropulsor de los incendios, de igual forma que ocurre con las olas de calor y los huracanes.
Es más, los incendios no sólo aumentan en virulencia como consecuencia del cambio climático. A su vez lo impulsan, al desplazar el CO2 almacenado en la vegetación hacia la atmósfera, aumentando el efecto invernadero que lo causa. Un bucle especialmente inquietante, particularmente dado el aumento de los incendios boreales y en otros grandes sumideros de carbono.
Mientras el cambio climático avance, también lo harán las probabilidades de que la amenaza del fuego se haga más presente en nuestros veranos. Todo lo que hagamos para pararlo las reducirá. Un beneficio más de luchar contra el cambio climático. La llamada “mitigación”.
Pero hay otros factores que los hacen más probables. Y sobre los que podemos actuar de forma paralela. La llamada “adaptación".

Vivir con el fuego
Pau Costa era uno de los bomberos que perdieron la vida en el incendio de Horta de Sant Joan, el 24 de julio de 2009. Junto a otros compañeros y amigos, su colega Oriol Villalta fundó la Fundación Pau Costa en su memoria, cuyo trabajo le llevó a ser elegido emprendedor social de Ashoka en 2018.
Con el objetivo de hacer más efectiva la prevención y extinción de los incendios, y evitar desenlaces como el de Pau, la Fundación Pau Costa se propuso impulsar programas de capacitación, coordinación e intercambio de mejores prácticas entre todos aquellos implicados en la lucha contra el fuego. Pronto evidenció que, para lograr su objetivo, no bastaba con centrarse en cómo combatir los incendios y apagarlos, sino, sobre todo, en cómo prevenirlos.
Apagar el fuego
Junto a programas como el de la Fundación Pau Costa, que aumentan la preparación y coordinación de todos los responsables de hacer frente a los incendios, que es un reto muy real, más cuando se cruzan fronteras, administraciones e incluso operativas dispares, esta labor se está viendo beneficiada por la aplicación de la tecnología para resolver este problema.
Cada dia hay más tecnologías que ayudan a monitorizar y combatir más eficazmente los incendios cuando se producen, en particular gracias a la aplicación de drones e Inteligencia Artificial. Innovaciones que vienen propulsadas por empresas como Mounspace, capaz de detectar fuegos antes que los sistemas de satélites actuales. O Pano.ai, que facilita la detección rápida y respuesta coordinada ante nuevos fuegos.
¿Qué parte de la solución pueden suponer? No hay duda que avances como estos nos permitirán luchar de forma más efectiva contra el fuego. Pero no parece que sean suficientes. No sólo porque su extensión puede presentar retos económicos e incluso dilemas (¿serán los bosques del futuro la versión campestre de un Gran Hermano en el que todo estará monitorizado y sistemas automáticos de detección y extinción acabarán con los incendios?). Mejorar la monitorización y extinción es necesario, pero no atacan la raíz del problema.
Prevenir el fuego
Porque el mayor potencial para luchar contra los incendios no está en la extinción sino en su prevención, mediante la gestión del ecosistema.
Y ello requiere entender el problema al que nos enfrentamos. Reconocer que esto es una batalla y tratarlo como tal. Para lo que es fundamental entender el territorio. Conocer, influir y, si es posible, elegir el mapa del campo de batalla. Que es algo que podemos hacer. Adelantarnos al fuego.
Esta preparación se traduce en la gestión forestal hecha por las personas. Aplicando el conocimiento de cómo influir en la evolución del ecosistema natural para que sea más resistente y menos vulnerable cuando los demás factores se pongan en su contra.
El propio Oriol Villalta señala como prioridad mantener los bosques o forestas en buen estado. No sólo con quemas controladas. Sobre todo, mediante el mantenimiento del equilibrio entre la vegetación y otras especies animales, como cabras y ovejas. A las que llaman “rebaños de fuego” y “cabras bombero”, dada la importancia de su papel en la conservación del monte. Además, pueden proporcionar leche que se puede vender y otro tipo de oportunidades de explotación económica en el medio rural, que ayuden a repoblar el campo.
Javier Peña coincide en identificar como la principal causa del problema la combinación de “abandono rural más calentamiento global" y como solución la recuperación de la gestión de los territorios y la biodiversidad. Y plantea una “solución ancestral frente al fuego”: recuperar la ganadería intensiva y devolver los animales al territorio, que desbrozan y mantienen los montes. Que se puede potenciar mediante el “rewilding”: volver a introducir los grandes herbívoros salvajes que “limpian” la vegetación frente al fuego, como caballos salvajes y tauros. Detallado en este recomendable vídeo de 7 minutos - como nos tiene acostumbrados con HOPE!
Hay que contar estas historias. Porque son poco conocidas y abren un futuro esperanzador. ¿Y si la principal arma contra los incendios es revertir el abandono del campo y los pueblos y empezar a llenarlos con personas y animales que saben lo que hacen y recuperan la naturaleza?
Inexplicablemente parece que la tendencia sigue siendo la contraria y se ve agravada por leyes y prohibiciones que destruyen modelos económicos y modos de vida como el pastoreo y las funciones ecológicas mantenidas durante siglos en el entorno rural, que tratan de regular y poner límites a lo que las personas que están en el campo conocen mejor.
De nuevo nos encontramos con el principal problema de nuestros tiempos según Taleb: No comprendemos el monte, no comprendemos el campo. Pero los que regulan deciden qué está bien y qué está mal sin responder por sus consecuencias, porque no tienen “skin in the game”. Tal vez haya que empezar por ahí si alguien anda buscando culpables.
Un problema ENORME
Y es que, o nos adelantamos a ellos, o los incendios sólo irán a más. Paradójicamente, cada vez tenemos más bosques. En los últimos 100 años, la superficie forestal en España ha pasado de unos 6 a 19 millones de hectáreas. Pero cada vez se gestionan menos. Y arden más. Ya llevamos más de 3,5 millones de hectáreas incendiadas. Como sintetiza Manuel Parra, “la solución no es plantar más árboles, es gestionar mejor los que ya tenemos”.
No necesitamos más cantidad. Más aún cuando la acumulación de CO2 en la atmósfera hace que la vegetación crezca cada vez más rápido.
Es más, es esta cantidad mal gestionada lo que agrava el problema. Yishan, CEO de Terraformation, compañía destacada en reforestación, concentra el problema en un exceso de “combustible para el fuego” que es necesario eliminar. Hemos eliminado los incendios naturales y controlados mediante falta de gestión y regulación inadecuada y se ha acumulado este exceso, listo para arder. Una situación peligrosa ante un clima más seco y olas de calor, que precisa su eliminación. Y que cuantifica en el caso de California (las mayúsculas son de Yishan):
Para restablecer el equilibrio ecológico en términos de fuego, hay tanto “combustible para el fuego” seco, listo para arder, que necesitaríamos quemar unos 20 MILLONES DE HECTÁREAS en California.
Cada año, los bomberos y gestores de bosques consiguen quemar 20.000 hectáreas. Sus planes más ambiciosos hablan de que, quizás en 5 años, lleguemos a aumentar hasta 40.000 hectáreas de fuegos controlados.
NOS QUEDAMOS CORTOS POR TRES ÓRDENES DE MAGNITUD.
Yishan llama a una solución de urgencia: eliminar de forma mecánica todo ese exceso. Que supone un cambio en la mentalidad de cómo nos enfrentamos a este problema: volver a mirar al “mundo natural” como una amenaza que nos puede matar si no lo gestionamos y movilizar todos los recursos que sean necesarios para prevenirlo.
Una decisión que puede estar justificada económicamente también en clave positiva. No sólo eliminamos terribles amenazas. Mantener los bosques supone seguir disfrutando de todos los servicios de ecosistema que nos prestan, que incluye la absorción de carbono y toda la estabilización de clima y entorno que las aseguradoras se están negando a cubrir. Es necesaria una gestión proactiva de nuestro entorno natural.
Adaptación del campo de batalla
Porque pudiendo elegir el mapa del territorio, nos hemos desentendido. Nos hemos olvidado de cómo funciona la naturaleza y la hemos abandonado, o aplicado criterios que olvidan el equilibrio que nuestros antecesores aprendieron a gestionar. Que la severidad del calentamiento global está poniendo a prueba.
Es hora de que comprendamos cómo regenerar este equilibrio. Y trabajemos a su favor, apalancando la naturaleza y la tecnología. Devolviendo biodiversidad y vida a bosques y pueblos. Quién sabe, quizás todos los empleos que va a destruir la Inteligencia Artificial se compensen con trabajos de conservación y regeneración de la naturaleza. Quizás el futuro para los humanos está en la “economía de la adaptación y la mitigación”, mientras las máquinas nos dan el soporte que necesitamos. ¿Y si nos hiciese más felices después de todo?



Gran artículo como siempre, Jose Maria, y con referencias relevantes para que podamos seguir tirando del hilo. No es fácil reflejar la complejidad del asunto en un tema de esta escala. Agradecido por el esfuerzo, por ayudarnos a comprender lo que está sucediendo y cuáles son las posibles respuestas.
Muy acertado todo lo que mencionas, José María, pero se te ha olvidado uno de máxima actualidad: cómo apagar los incendios de forma eficaz y rápida con el invento del español César Sallen ( en este enlace lo puedes ver https://www.facebook.com/watch/?v=1145112487465547&vanity=elhormiguero&http_ref=eyJ0cyI6MTc1NzE1MzE5MDAwMCwiciI6Imh0dHBzOlwvXC93d3cuZ29vZ2xlLmNvbVwvIn0%3D)
Se le debería dar máxima prioridad por parte del Gobierno y las CC.AA para que se utilice de forma másiva y preferente.