Kaizen medioambiental
Hacer las cosas bien a la primera
La técnica japonesa del Just in Time revolucionó la industria de automoción y por ende todas las disciplinas de dirección de producción a partir de la década de los 1970s, momento en el que podría decirse que el automóvil era tan relevante económicamente como ahora son los semiconductores.
Adoptada por Toyota, desafiaba los sistemas de fabricación herederos del modelo T de Ford aplicando el principio de que los materiales y componentes sólo llegaban a la línea de producción cuando eran necesarios, minimizando el inventario y los residuos, lo que permitía mayor calidad con menores costes.
Su esencia era hacer las cosas bien a la primera. Con muchos menos errores, batía en eficiencia y costes a otros procesos de fabricación basados en controlar y corregir a posteriori.
Lo que era posible ya que la piedra angular del Just in Time era el aprendizaje continuo: nadie nace aprendido, pero todos podemos incorporar lo que aprendemos para la próxima vez. Aplicando la filosofía japonesa del Kaizen, o mejora continua.
Y es que la filosofía del Kaizen es un sólido principio para la vida: tratar de hacer las cosas lo mejor que sabemos en cada momento, incorporando lo que se va aprendiendo para seguir mejorando. O, como decía Felipe II a su escudero, “Vísteme despacio que tengo prisa”.
Sorprende que no apliquemos más el Kaizen. Es como si nos costase observar las consecuencias de lo que hacemos e incorporar a nuestras acciones lo que pueda hacerlas más favorables. O simplemente prevenir en lugar de corregir.
Como civilización, parece que creamos los problemas, y aunque vemos (y sufrimos) sus consecuencias, las separamos y esperamos que sean otros los que vengan a resolverlas. Mientras, seguimos con los procesos que las provocan. Así creamos nuevas actividades, destinadas a corregir los errores de las anteriores, en lugar de eliminarlas o sustituirlas, atacando a la raíz para evitar que se repitan esos problemas.
Si ya conocemos los problemas, ¿por qué los seguimos perpetuando? ¿Por qué seguimos consumiendo recursos de forma desproporcionada para generar emisiones y residuos que deterioran nuestra calidad de vida y amenazan el futuro? ¿Por qué seguimos quemando combustibles que hacen que cada año sea más caluroso que el anterior? ¿Por qué seguimos fabricando coches más pesados, edificios más dependientes del aire acondicionado y ciudades mal comunicadas? ¿Por qué seguimos fabricando objetos de un solo uso con materiales que la naturaleza no puede absorber? ¿Dónde está nuestra curva de aprendizaje?
Lo asombroso es que conocemos las soluciones a muchos de estos problemas pero nos empeñamos en no aprenderlas. O preferimos corregir después, en lugar de hacerlo bien a la primera. La captura de carbono y el reciclaje son necesarios para reducir emisiones y residuos, pero, ¿a qué esperamos para sustituir los procesos que los provocan por alternativas “just in time” basadas en energías limpias y circularidad? ¿Somos “la civilización del parche”?
Parece que ya deberíamos haber aprendido lo suficiente para incorporar el espíritu Kaizen a nuestra economía. De hecho, conocemos el resultado de dichos aprendizajes. Sólo nos falta aplicarlos.
¿Por qué nos empeñamos en mantener una economía lineal cuando ya conocemos sus costes ocultos, que nos va a costar mucho compensar, pudiendo transicionar hacia una economía circular y regenerativa, que sería la que elegiríamos si pudiésemos empezar desde cero?
¿Por qué dudamos de la urgencia en acelerar la mitigación del cambio climático, aunque sólo sea por todos los costes de adaptación que nos va a ahorrar? ¿Por qué buscamos excusas para retrasarlo y mantener una inercia que sólo aumenta la magnitud del problema que tendremos que resolver?
La mejor forma de resolver los problemas es evitando que se produzcan. Apliquemos el espíritu Kaizen en todo. Que prime lo circular sobre lo lineal, lo regenerativo sobre lo extractivo y lo biodegradable sobre lo contaminante. Que arranque con el ecodiseño, que haga el ejercicio de pensar en las consecuencias de lo que fabricamos y ponemos en el mercado, y que se base en energías, materiales y productos pensados para integrarse en el ciclo natural. Y conseguiremos los beneficios del Just in Time: aumentar la eficiencia reduciendo los residuos.
Es el momento de poner en práctica todo lo que hemos aprendido tras tantos años de desordenado crecimiento, y ojalá hubiésemos sabido entonces. No repitamos los errores que son inevitables en toda curva de aprendizaje. Hagamos las cosas bien a la primera.



Los grandes responsables del calentamiento global no aplican los cambios que indicas porque ganan dinero haciéndolo mal. Por eso no sienten la necesidad ni el estímulo de corregir el rumbo en el sentido del Kaizen. Si perdieran dinero haciendo las cosas como hasta ahora, se verían obligados a rediseñar y replantear. Pero no es así.
Interesante artículo querido Chema. Recuerdo a principios de los 90 que lei el libro Kaizen mientras trabajaba en un proyecto reorganización de la producción. Quedé tremendamente impactado por el concepto de "Mejora Continua". Hoy en día sigo aplicándolo en casi todo lo que hago. Es el "mica a mica" que decía siempre un jefe que tuve catalán, gran persona. O el "cada día tiene su afán" que decía Don Emilio Botín. Me parece bueno que lo recuerdes y que traigas un poco de paz y tranquilidad a todos