La elegancia del botijo
Ecodiseño aplicado
En el año 2000, en pleno estallido “puntocom”, algunos nos pusimos a organizar eventos, entonces pioneros, en los que emprendedores “pitcheaban” a los inversores sus ideas de negocio para pedirles fondos. Todo era muy nuevo y todos teníamos mucho que aprender.
Recuerdo un manual para emprendedores sobre cómo hacer un plan de negocio que empezaba con un aviso para navegantes que no he vuelto a olvidar:
El mejor negocio del mundo es un apartado postal al que la gente envía dinero
Porque un negocio es tan bueno como su cashflow, que será mejor cuanto más ingresos y menos costes tenga. Aunque hay muchos negocios mejores que un modesto apartado de correos (o los múltiples equivalentes digitales que hoy le han hecho obsoleto), la simplicidad del símil es difícil de batir.
Curiosamente, el “mejor negocio del mundo” me volvió a venir a la cabeza el otro día al escuchar la entrevista en Arpa Talks a la ingeniera química y experta en termodinámica, minerales y transición ecológica Alicia Valero. En concreto, al referirse al botijo:
El botijo es un invento maravilloso. Conserva el agua fría a pesar de que no lo enfriemos artificialmente, porque el botijo suda. Es eficiente energéticamente, robusto, hecho de un único material, la arcilla, que no tiene entropía, es común, abundante y fácilmente reparable. Además, crea sentido de comunidad: todos podemos beber de un mismo botijo en vez de beber de latas de refrescos o botellas de agua individuales.
En un mundo en el que cada vez necesitamos ser más eficientes con la energía que consumimos y los recursos que utilizamos y desechamos, un dispositivo que enfría agua sin consumo de energía y sólo requiere un material abundante que no plantea problemas medioambientales nos tiene que dar que pensar.
Y es que el dicho tradicional “eres más simple que un botijo” encierra más sabiduría de lo que parece. En una época en la que con frecuencia damos por hecho la complejidad a la que nos hemos acostumbrado, estimula encontrar un invento de más de 3500 años que demanda menos energía y recursos que nuestros sistemas más modernos.
Porque la aparente sencillez del botijo se basa en aplicar el conocimiento de la ciencia al entorno. Un material con las propiedades de la arcilla, que en entornos calurosos y secos aprovecha la evaporación del agua para robarle su calor, y hacer que el botijo “sude” y el agua se enfríe. Un entender los principios para aplicarlos en soluciones lo más sencillas posibles, en este caso producto de la sabiduría acumulada en un entorno de escasez. Puro ingenio.
Hay muchas otras soluciones tradicionales que coinciden en aplicar la ciencia al entorno. El arquitecto Francisco Colom comparte el ejemplo de los “pozos de hielo” (“yakhchal”) del sur de Irán, que permiten hacer hielo en el desierto aplicando los principios de la termodinámica mediante una combinación de materiales, orientación y circulación del aire. En sus palabras, un ejemplo de “arquitectura antifrágil”.
Soluciones cuyo mérito no les viene por antiguas, sino por sencillas. Que además resultan elegantes, como el buen diseño. Que nos recuerdan la importancia de priorizar la simplicidad y la adaptación al entorno. Nacidas en la escasez, porque “scarcity brings clarity”, incorporan la eficiencia de recursos y el impacto medioambiental en su núcleo.
Principios que nunca debiéramos haber olvidado y podemos seguir aplicando hoy. No se trata de decir no a la tecnología, sino de hacerla subsidiaria. Que trabaje sobre principios de eficiencia y comprensión del entorno, y no nos lleve por la complejidad innecesaria. Que construya sobre estas bases, y no las ignore. Reduciendo por diseño los recursos y consumos que requiere, las emisiones y residuos que genera.
Francisco Colom extrapola estos principios a la construcción moderna y habla de “edificios que respiran”, que requieren menor climatización porque se aprovechan de su entorno. Por ejemplo, gracias a “las estrategias de ventilación natural (que) aprovechan el viento y las diferencias de temperatura para renovar el aire interior”. Para lo que nos proporciona buenas directrices:
El problema de los edificios mecánicos no es que utilicen estrategias artificiales, sino que lo hagan como sustituto de las naturales, en lugar de como complemento. La confianza ciega en el aire acondicionado, la calefacción central y la ventilación mecánica nos ha hecho olvidar la importancia de la orientación, la forma, los espacios intermedios, la inercia térmica, la ventilación cruzada, etc.
Y cuando la innovación tecnológica aplica estos principios, encuentra avances más allá de lo incremental. Como las bombas de calor. Cuyas ventajas bien resume Saul Griffith :
Las bombas de calor utilizan el calor que ya se encuentra en el aire o el suelo, en lugar de tener que quemar energía para crearlo. Eso significa mejores precios y menores emisiones.
Alicia Valero habla de “ingeniería del botijo” y pone como ejemplo al “escarabajo” de VW: robusto, reparable, con calidad en los procesos, que ha durado muchos años. Simplicidad unida a calidad de productos y procesos.
Porque el ecodiseño no va de añadir cosas. Más bien de quitarlas. De primar la escasez y sencillez que opera en la naturaleza siempre que sea posible. De adaptación al entorno. De innovación frugal. De que menos es más.
Se estima que el 80% del impacto de la economía circular se produce en el diseño. Lo que hagamos en esta fase tiene un impacto exponencial, porque determina todo lo que sigue.
Tengamos presente el botijo como inspiración. Que, al igual que con el apartado postal para nuestro plan de negocio, tengamos una referencia cuando pensemos en los productos y servicios que queremos que nos rodeen. Simple y elegante. Eficiente y frugal.



Muy buen ejemplo el del botijo como recordatorio de un uso inteligente de los recursos. En un momento en el que la innovación parece consistir siempre en añadir y complicar, conviene reivindicar el valor de lo que nos acompaña desde hace siglos. Si ha sobrevivido hasta nuestros días, por algo será. Además, podemos aprovechar las soluciones antiguas como inspiración para que las nuevas tecnologías nos ayuden a encontrar soluciones aún mejores. Y, a ser posible, igual de simples y elegantes. Gracias por el recordatorio.
¡Y muchas gracias por tu generosidad!
Me encanta! El botijo es la mejor metáfora de que la verdadera innovación no siempre es futurista: a veces basta con mirar atrás y rescatar lo simple, lo frugal y lo adaptado al entorno. Una lección muy importante también en la arquitectura!