La felicidad
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La fórmula matemática de la felicidad es “expectativas menos realidad”. Si queremos ser infelices, subir las expectativas no falla.
Como decía John Stuart Mill, “pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”.
La felicidad nos pasa. No se persigue, se encuentra. Buscarla es evitarla - no hay que pensar en ella sino facilitar que llegue. En clave antifrágil: crear las condiciones para que los vientos a favor nos pillen preparados. Y evitar lo contrario.
“Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin”, incidía Antoine de Saint-Exupery. Porque “la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”, en palabras de Jean-Paul Sartre.
Pero eso no es lo que nos cuentan. Si preguntamos a ChatGPT por una imagen que resuma qué se entiende por felicidad en todo el mundo según la publicidad, nos devuelve este sonriente cuarteto:
No es de sorprender que esta felicidad venga acompañada de una botella. Coca Cola es la marca que mejor ha sabido ocupar el “territorio de marca de la felicidad”. Entrar en esos momentos radiantes de “gente junta pasándolo bien” y hacerse sentir necesario. Presente en todos sus anuncios a lo largo de más de cien años de historia.
Y es que la felicidad nos la da más la gente que las cosas. Si volvemos a preguntar a ChatGPT qué se entiende por felicidad en el mundo sin aludir a la publicidad, volvemos a encontrarnos con un grupo sonriente. Aunque esta vez sin botellas. Y con cambios de protagonistas (si te intriga, puedes encontrar la imagen al final del post).
Los anunciantes saben bien cómo hacernos creer que necesitamos lo que nos anuncian para disfrutar de esos momentos. Productos y servicios que mágicamente nos llevarán a un mundo repleto de sonrisas como las de la foto. Sólo tenemos que comprar.
Hasta se promociona por ahí un Museo de la Felicidad que recuerda a las risas enlatadas. Un museo que “solo abre sus puertas a quienes sonríen". En el que puedes disfrutar “de una discoteca de canciones felices o tirarte por un tobogán de máxima pendiente”.
El Dr. José Luis Marín, médico psiquiatra y psicoterapeuta, diferencia la felicidad, que es un estado, de la alegría, que es una emoción.
“No es lo mismo estar contento que ser feliz. La felicidad es ausencia de ruido, estar presente y estar en paz. Hacer lo que nosotros queremos, no lo que nos piden los demás.”
A lo que añade:
“Vivimos en la “happycracia”: cualquier idea de felicidad acaba en una tienda.”
¿Cualquier idea de felicidad acaba en una tienda? ¿Es el destino final de nuestra civilización?
Hemos complicado lo de ser felices con tanto consumismo. Estamos rodeados de cebos que prometen felicidad y luego no funcionan. Son como los cantos de sirena que es mejor no escuchar. O atarse al palo del barco. Como Ulises en la Odisea.
Si tenemos infinitos deseos, nunca cumpliremos todos. Y si nos comparamos con los demás, siempre habrá alguien mejor parado. Esa “felicidad” es un concepto social. Donde nos arrastra el mimetismo. Y los que lanzan cebos lo saben. Nos traman una frustración infinita.
Algo que conocía bien el publicista Frédéric Beigbeder. Que tras un momento eureka cambió de bando y escupió lo que sentía en la muy recomendable “13,99 euros”:
“En mi profesión nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume”.
Hay que bajarse del sistema. Gestionar nuestras expectativas y tener mucho cuidado con lo que deseamos. Que nuestro norte sea la plenitud, más que la felicidad, que ya sabemos que se mueve como un felino.
Y si nos ven felices, tal vez otros nos sigan. Porque los deseos son miméticos.
Ser felices es más fácil de lo que nos han contado.
🎧 La semana pasada estuve una hora larga hablando con Raul Calderon en su podcast. Hablamos sobre tecnología, naturaleza, hacia dónde va el mundo y cómo influirlo para bien. También sobre mi experiencia y aprendizajes. Una buena charla con mucho “food for thought”. Si te apetece escucharla, aquí está el enlace:





Feliz de que hayas querido compartir con el mundo lo que hablamos José María.
Me ha flipado sobre todo la definición inicial de la Felicidad:
Expectativas menos realidad
Una gran verdad que muchos deberían tener en cuenta.
Abrazo amigo!
Llevamos años intentando "hackear" la felicidad como si fuera otro proyecto de productividad más, pero es que no se trata de optimizar la felicidad, sino de crear espacio para que aparezca.
Menos ruido mental (gracias, IA que gestiona mi caos).
Más presencia real (gracias, límites que me protegen).
La felicidad no está en hacer más cosas que te hagan feliz. Está en dejar de hacer las que te hacen infeliz 💜
Y eso, curiosamente, no se vende en ninguna tienda.