La prisa
El viaje a ninguna parte
“La mitad de las penas de la vida vienen de decisiones tomadas con prisa”
Marilyn Monroe
No es que lo diga Marilyn, es que lo dice el refranero, “las prisas son malas consejeras”. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que la prisa es su modo por defecto y encima está bien considerada.
Bien lo saben los que quieren vendernos cosas. Esas ofertas que se agotan o tienen un límite temporal. Porque saben que si nos contagian la urgencia se multiplican las probabilidades de que digamos que sí casi sin pensarlo. Esas oportunidades extraordinarias y urgentes que son la nueva normalidad.
Y así pasamos los días. Comprando con precipitación cosas que no necesitamos. Porque lo queremos todo y lo queremos ahora. Aunque no lo vayamos a usar. Tan ocupados estamos tomando las siguientes decisiones. A toda prisa.
Carl Honoré, autor de “Elogio de la lentitud”, desarrolló un completo tratado basado en ese hallazgo. Cuenta que él mismo vivía inmerso en esta “era de la velocidad” hasta que un día se sorprendió celebrando el hallazgo de un libro de “cuentos en sólo un minuto” que le permitiría ser mucho más rápido al acostar a sus hijos. Entonces se dio cuenta que algo no estaba bien en su vida.
En un mundo en el que el fundador de Davos enfatiza que “los rápidos se comen a los lentos” y que somos más rápidos consumiendo recursos que la Tierra generándolos, tenían que existir alternativas al culto a la velocidad. Que Honoré recopìló desde en la comida y las ciudades hasta en el trabajo y el sexo. E invitaba a sumergirse en los placeres de la slow life.
Pero al sistema no le interesa que levantemos el pie del acelerador. Tomar decisiones de compra más lentas no sólo se traduce en menos compras por minuto. También permite introducir más reflexión. Con el peligro de que elijamos otra alternativa. O, peor todavía, que decidamos que no necesitamos esa compra. Y decir no a esa tentación que nos han hecho creer que es urgente.
Aunque parezca contraintuitivo, resistirse a la prisa nos puede proporcionar más tiempo. Porque cada decisión de compra arranca nuevos compromisos, que se sumarán a la pila de tareas que realizaremos a toda prisa. Robándonos más de nuestro escaso tiempo, que es la verdadera riqueza.
¿Y si la auténtica rebelión de nuestro tiempo fuese consultar las cosas con la almohada? ¿O ir apuntando todas las decisiones de compra en una lista que no volveremos a consultar hasta que duela? ¿O borrar cualquier mensaje que nos llegue incluyendo en su redacción expresiones como “últimas unidades”, “sólo quedan 5 días” o “date prisa”?
El primer paso es parar un momento. Desarrollar el músculo que nos permita reconocer sus maneras. Y eliminar la prisa de nuestras decisiones, sobre todo cuando nos la están intentando crear. Ser nosotros los que decidamos dónde queremos rapidez y dónde no. Porque las prisas son malas consejeras.
Esa prisa no es solo tuya. Estamos en un mundo construído con prisas. Y se le nota en las costuras. Que lanza productos al mercado sin pensar en sus consecuencias. Ignorando herramientas como el diseño circular que nos permitirían anticiparlas. Dejando un largo reguero de nuevas tareas y decisiones para enmendar los problemas que podríamos habernos ahorrado de haberles dedicado más tiempo. Y que nos obligarán a seguir yendo deprisa.
Tal vez la pregunta más importante sea adónde nos lleva tanta prisa. Y si, al menos, estamos disfrutando el viaje que tanta rapidez nos exige.
Porque llegará un momento en el que nos preguntemos cómo hemos llegado aquí. Y en el que puede pasarnos, como a Alfredo Landa en “Las Verdes Praderas”, que no nos guste el destino. Tal vez entonces descubramos que lo único que estamos consiguiendo es ir muy deprisa a ninguna parte.




Muy bueno Chema, cuando voy con prisas, siempre me repito a mi mismo: "Vísteme despacio, que tengo prisa". Fue un consejo de un buen amigo. Lo interesante es que siempre que me aplico mentalmente el consejo, recuerdo a mi buen amigo diciéndolo. Doble ganancia.
"Y en el que puede pasarnos, como a Alfredo Landa en “Las Verdes Praderas”, que no nos guste el destino." No hay mucha gente que recuerde esa película y ese momento...