Límites planetarios y acción humana
Malas noticias y buenos ejemplos
Hace un mes, Nicolás Dorronsoro publicó un post (que compartí en esta nota y luego comenté en su podcast con Raul Calderon) en el que recordaba que habíamos excedido 6 de los 9 límites planetarios para la seguridad de las condiciones vitales del Planeta Tierra. Con una metáfora que vale la pena compartir de nuevo:
Si acudiéramos al médico y se nos diagnosticara que seis de nueve de nuestros órganos vitales están enfermos, es seguro que ingresaríamos inmediatamente en la UCI.
Sin embargo, pese a que hemos cruzado seis de los nueve límites planetarios, optamos por seguir haciendo “vida normal”, cada más lejos de los límites recomendados.
De hecho, la semana pasada se anunció la medición para 2025 de dichos límites planetarios. Y habíamos pasado de 6/9 a 7/9 límites excedidos, al sumarse la acidificación de los océanos a la zona no segura, consecuencia de la excesiva absorción de CO2. La salud del paciente se deteriora. Pero seguimos “haciendo vida normal”.

Pero, ¿qué son los límites planetarios?
Los límites planetarios son un marco, establecido bajo la coordinación del Stockholm Resilience Center, para monitorizar 9 procesos básicos que regulan el funcionamiento de la Tierra como un sistema, que determinan lo que podríamos llamar “zona segura” para que se mantengan el equilibrio y las condiciones de vida actuales.
Sobrepasar estos límites aumenta el riesgo de generar cambios medioambientales abruptos de gran magnitud o irreversibles. El impacto de estos cambios no será necesariamente inmediato o drástico, pero se trata de límites que de forma conjunta marcan un umbral crítico para riesgos sobre las sociedades y la biosfera de la que formamos parte.
Los límites planetarios son interdependientes. La estabilidad a gran escala y largo plazo del pasado, que permitió a las sociedades humanas desarrollarse y prosperar, es resultado de interacciones complejas de procesos biofísicos en el sistema de la Tierra. Por ello no podemos considerar estos límites planetarios de forma aislada. (...) Sólo si respetamos todos estos límites podremos mantener este espacio operativo seguro para la Humanidad.
Son límites que operan como analíticas del estado de salud del paciente Planeta Tierra, y exigen mantenerse dentro de sus umbrales para evitar riesgos graves de desequilibrio del sistema. Se trata, como explica Johan Rockström del Potsdam Institute for Climate Impact Research (PIK), de evitar que el Planeta pierda su resiliencia: su capacidad para seguir siendo nuestro cómplice frente a la crisis climática, seguir contando con el apoyo de su funcionamiento en el ciclo de la vida y la absorción de carbono frente a estas alteraciones. La salud del Planeta.
Para lo que el propio Potsdam Institute for Climate Impact Research (PIK) inició desde 2024 la publicación anual del Planetary Health Check, para “asegurar la visita al doctor del Planeta al menos una vez al año”. Que, recién publicado para 2025, anuncia los resultados ya comentados: Estamos en la zona de peligro en 7 de estos 9 indicadores.
¿Y cuáles son estos límites planetarios?
Unos famosos desconocidos
Una de las paradojas de los límites planetarios es que se habla más de ellos como indicadores agregados que por separado y en profundidad. Podríamos decir que son unos famosos desconocidos.
De hecho, los límites planetarios no eran originalmente 9 sino 6. ¿Están ya completos? ¿O se agregarán más? No siendo experto en la materia, lo que sí parece claro es su valor direccional, al recoger el consenso de la comunidad científica cualificada sobre las variables que debemos seguir de cerca. Por lo que no descartaría que se continúen afinando según evolucione la salud y el seguimiento del tratamiento. Como con la analítica de cada paciente.

Los 6 límites planetarios originales, marcados en 2009 por 28 científicos internacionales, estaban compuestos por el más famoso de ellos, el cambio climático, y 5 más. Voy a tratar de acercar su explicación, aún a riesgo de sobresimplificar o cometer errores, si tienes sugerencias de mejora son bienvenidas;-)
Acidificación de los Océanos, provocada por la misma causa del cambio climático: excesivo CO2 de la atmósfera. Al actuar los Océanos como sumideros de carbono, y tener que absorber parte de su exceso, se daña la calcificación de organismos clave que arrastra al resto del ecosistema marino.
Capa de ozono en la estratosfera: Que, en caso de debilitarse, permite la entrada de excesivas radiaciones nocivas de rayos ultravioleta (UVA), creando serios daños sobre la salud y la naturaleza.
Cambio de uso de las tierras, mediante la deforestación y urbanización, reduciendo los ecosistemas naturales y sus beneficios para el ecosistema.
Modificación de los flujos biogeoquímicos del fósforo y el nitrógeno, resultado de su aplicación como fertilizantes, dificultando su uso directo por organismos vivos y causando desequilibrios en otros hábitats como los Océanos.
Biodiversidad, dada tanto por su componente genético (protección de las especies) como funcional (proporción de la energía acaparada por el uso humano, límite fijado en el 10%).
Adicionalmente, en 2023 se añadieron 3 nuevos límites planetarios para completar los 9 actuales:
Agua dulce, tanto “agua azul”, visible en lagos, ríos, etc, como “agua verde” o “invisible”, presente en la humedad del suelo y las plantas, con efecto sobre su disponibilidad y sobre fenómenos como las precipitaciones.
Polución, entendida como la concentración de aerosoles en la atmósfera, como el SO2, tradicionalmente considerado como el mayor problema de contaminación en el aire, y que a fecha de hoy se estima que causa entre 8 y 9 millones de muertes al año.
Introducción y acumulación de “nuevas entidades” químicas: elementos u organismos modificados por los humanos, así como sustancias enteramente nuevas, de consecuencias desconocidas, tal como microplásticos, pesticidas y residuos nucleares.
De 3/7 a 7/9
Durante estos años, el efecto combinado de conocer y seguir estos límites planetarios ha sido constatar una tendencia negativa. Desde los 3 sobre 6 del diagnóstico inicial a los 7 sobre 9 actuales. En cada nuevo chequeo, otra variable que sobrepasa la barrera, como ahora con la acidificación de los Océanos. Tendencia que podría llevarnos al fatalismo y a prepararnos para el final.

Porque desgraciadamente esta evolución es consistente con la “vida normal” que hemos elegido seguir. Con un estilo de vida que sigue tirando de los recursos “ahorrados” del planeta por encima de su capacidad de regeneración (las conocidas 1,75 Tierras que consumimos al año) y que sigue sumando todo tipo de elementos que lo dañan, ya sea porque los generamos, como las nuevas entidades, o porque los cambiamos de lugar y los llevamos a dónde causan desequilibrios, como el carbono y el fósforo.
¿Podemos evitar caer en el fatalismo y ponernos en modo esperanza? Tal vez todo empiece con un cambio de perspectiva. ¿Y si le damos la vuelta a la lectura de los análisis?
2 de los 9
Porque hay 2 límites planetarios en los que sí estamos dentro de los límites. Y lo más interesante es que en ambos casos se trata de lo que en un símil deportivo llamaríamos “remontadas”. Dos ejemplos en los que hemos ido a mejor. Se trata de la polución y la capa de ozono.
Aún siendo un problema aún no resuelto y de evolución dispar a lo largo del Planeta, los avances contra la contaminación derivada de aerosoles han sido y siguen siendo significativos, dado su conocido efecto tóxico sobre el aire y la salud. De hecho, es la única variable en la que el PIK observa una tendencia global decreciente a día de hoy. Tanto, que incluso se da la paradoja de que el éxito en esta lucha puede estar acelerando el cambio climático (como ya vimos en esta entrega de Verdades Incómodas).
El caso de la capa de ozono es si cabe aún más interesante. Porque hace 40 años, se hablaba (y se cantaba) más de la capa de ozono que del cambio climático. Y, sin embargo, se desvaneció tanto ruido mediático. Pasó a un segundo plano. ¿Qué pasó?
La respuesta se llama Protocolo de Montreal. En 1987, tras confirmar la localización de un agujero de ozono en la Antártida dos años antes, un acuerdo internacional, ratificado por todos los países del mundo, terminó con la producción de los CFCs causantes de su deterioro.
Como las buenas noticias no venden tanto como las malas, raramente hablamos de cómo salvamos la capa de ozono. Pero Montreal no es sólo una buena noticia para nuestro análisis de límites planetarios. Es la demostración viva de que cuando nos proponemos algo y actuamos somos capaces de solucionarlo.
Moral de atleta
Se dice que vivimos en el Antropoceno, una nueva época geológica caracterizada por la influencia humana predominante en los sistemas geológicos, atmosféricos y biológicos de la Tierra. En la que nuestra acción, amplificada por nuestras tecnologías, se ha convertido en el principal vector de la evolución del Planeta. Que nos ha sacado de la estabilidad climatológica del Holoceno que tan bien nos iba para, sin haberlo pedido, darnos los mandos para pilotar las condiciones en las que nos va a tocar seguir.
Como demuestra el ejemplo de la capa de ozono, somos capaces de causar, pero también de resolver, grandes desequilibrios en nuestro entorno. Y, aunque en muchos casos los hemos causado de forma involuntaria, sin conocer las consecuencias que traerían algunas de nuestras acciones, una vez que las conocemos no tenemos excusa para no actuar.
Más cuando puede ser tan sencillo como dejar de hacer. Dejar de producir CFCs. De emitir aerosoles. En muchos casos, tan fácil como dejar a la naturaleza sola. Que retorne a sus ciclos naturales. Con un simple efecto rebote. Y nos recuerde qué es la regeneración. Que le pregunten al atolón de Bikini.
Porque tenemos que dejar de pensar como enfermos que se sienten desahuciados por su diagnóstico, o que prefieren ignorarlo y seguir mirando a otro lado, haciendo “vida normal”. Tenemos que actuar como atletas que quieren pasar del 2/9 al 9/9 y que saben lo que tienen que hacer para conseguirlo. Sabiendo que ya lo han conseguido en las dos primeras pruebas y que pueden hacer lo mismo en las siete restantes.
Dejar las malas costumbres, entrenar duro y no olvidar la motivación y la moral. “Las cosas no cambian por sí solas, las tienes que hacer cambiar”, nos recuerda un gran atleta como Rafa Nadal. Empecemos la remontada en el siguiente chequeo.



Me parece loable el esfuerzo que ha hecho el Centro de Resiliencia de Estocolmo en la definición y medición de estos 9 límites planetarios, pero sigo pensando lo mismo que la primera vez que supe sobre este trabajo: en mi humilde opinión falta una clara distinción causa-efecto. La pérdida de biodiversidad y la seguridad para la vida humana en el planeta (al fin y al cabo, no somos más que un subconjunto más entre todas las formas de vida) deberían estar en el centro del esquema, siendo los otros 8 causas que deterioran dicha biodiversidad. La transformación del uso de la tierra, la acidificación de los océanos, la polución, la temperatura global, la evolución de la capa de O3 etc. son variables en principio neutras que cobran importancia en tanto sus fluctuaciones afectan a la vida y, por ende, a nuestra propia supervivencia futura. Al hacer la analogía con el diagnóstico médico ya lo enmarcas así, lo que me parece efectivo para apelar a una mayor concienciación.