Así es, hacer algo más eficiente no garantiza consumir menos. En arquitectura se ve con claridad. Podemos mejorar aislamientos y sistemas de climatización, pero si construir de forma más eficiente nos lleva a construir más en términos absolutos, el ahorro desaparece por el camino.
Como dices, la clave está en evitar que cada mejora técnica se convierta en una invitación a consumir más. No se trata solo de diseñar edificios, ciudades o sistemas que gasten menos, sino también hábitos y culturas que necesiten menos. Gracias, José María.
Gracias Fran, creo que has dado con la clave. Todo está en nuestro cerebro, e igual que ha habido culturas que han pensado que menos es más y lo han materializado en sus hábitos cotidianos, el entorno actual se basa en un sistema que favorece todo lo contrario, además impulsado por numerosos intereses materiales en juego, y probablemente la única forma de salir de ello es un cambio de sensibilidad.
Muy bueno (y relevante viniendo de ti) el ejemplo de la arquitectura, sobre el que gracias a tu libro y tus posts he desarrollado una sensibilidad muy superior a la que tenía. La educación cuenta mucho!
Escribía en alguno de sus libros Kapuscinski que el bidón de plástico cambió mucho, para bien, la vida en el África más pobre: no sólo bajaba el peso del envase para transportar agua (barro cocido, no hay agua corriente) y, por tanto, se puede llevar más, sino que hasta se podía dejar el envase en la fila para recoger ese agua (o cualquier cosa) y cubrirse del sol. Además, no se rompe como el barro y se repone fácil. Al final del día, la gente toma decisiones de mucha más racionalidad económica de lo que parece, y los costes ocultos son, precisamente, costes ocultos porque nadie los ve: no se le puede reprochar a nadie que no los vea. Así que los africanos del cuento no van a quedarse con la estampa romántica de ver el barro sobre las cabezas para disfrute del visitante en busca de exotismos, van a hacer lo que es eficiente. La paradoja de Jevons no es un invento, una herramienta que encuentra un sistema y, oh magia, se aplica por un demiurgo que tiene intenciones perversas (como no conocer los costes ocultos), sino que es un efecto económico que responde a una lógica muy pura de costes y retornos. Dices: que podamos aprovechar lo bueno de esta paradoja. Y es aquí donde yo siento que el argumentario tiene que repensarse: ¿eso cómo se hace, quién lo decide, cómo se sabe que hemos entrado en el lado oscuro de la eficiencia? El "sistema" no es una orquestación perfectamente controlada predefinida y decidida, con un cerebro con la puñetera manía de no querer cambiar. Lo que llamamos sistema son muchas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos (incluso cuando lo mejor para ellos es malo para otros): si fuera controlable, oye, todo el mundo ganaría dinero en bolsa o un lanzamiento de un nuevo producto no fracasaría. Es decir, que la posibilidad de crear necesidades que no existen sería real y no una forma de teoría de la conspiración. Cuando este "sistema" con incertidumbre es sustituido por un "sistema" que sí toma decisiones centralizadas, de repente la paradoja de Jevons sería un alivio grandísimo: siempre ha terminado en pobreza. Las "necesidades infinitas" no dejan de ser un concepto íntimo antes que colectivo, lo que anhelo yo no es lo que anhela el otro, aunque coincidamos en esto y aquello. Soy escéptico ante la idea de que el "cambio climático" se resuelva con artefactos morales ("no necesitas esto", "vive austero como un maestro zen"), espero bastante más del ingenio para sobrevivir a la naturaleza: si los tuareg llevan siglos en el desierto con camellos y vestidos azules, si los holandeses medievales levantaron los polders para poder controlar la fuerza del mar y cultivar, ¿no vamos a tener tecnología bastante para tener energía abundante y barata?. Ojo con las abundancias que creemos que son abundancias: argumenté con una de las autoras que citas el hecho de que, frente a su afirmación, la industria del hielo no ha desaparecido porque se han inventado las neveras domésticas. Ayer, por cierto, se publicaba un producto de investigadores españoles para retirar microplásticos de las aguas. Ignoro su tasa de eficiencia, pero han llegado a ello porque se ponen a trabajar en ello: un problema conocido que muy seguramente tiene muchos investigadores en el mundo con dinero de todo tipo de procedencias. Quiero decir: una y otra vez se han sustituido tecnologías "obsoletas" por otras más eficientes y, si lo impides, te empobreces. Hay una anécdota que, si no es cierta, lo merece y que se le atribuye al Gorbachov atribulado que abría la Unión Soviética: le decían que en Occidente hacían cosas maravillosas, como jeringuillas que no dolían cuando se clavaban en tu cuerpo. Hay que tener una edad para recordar lo que dolían las de los "practicantes" que visitaban las casas, así como los riesgos de infección de sus repositorios con alcohol que ya no se usan. Concluyo: creo que esperar detener la eficiencia, "decidir" que ya es "bastante" como remedio o suerte de solución a un problema tecnológico no es algo que personalmente vea con futuro. Obviamente, sabemos que una civilización puede colapsar, puede que incluso por la anulación de la fertilidad antes que por el calor, pero tampoco tenemos control sobre eso. Y ese es un problema esencialmente para quienes creen en el más allá. Que es legítimo. Una visión -la mía- muy personal, por supuesto.
Gracias Gonzalo por un comentario tan trabajado como revelador, lleno de buenos argumentos y ejemplos, y muy oportuno, ya que no nos movemos en terrenos de blanco y negro sino de grises. Si pensase que sé cuál es la tecla para solucionar todo esto, probablemente no escribiría estas cosas, más bien me dedicaría a divulgar la solución. Por eso valoro mucho este tipo de aportación.
Coincido que hay un problema técnico difícil de resolver, el cómo emerger esos costes ocultos de forma que ajusten nuestras decisiones, y para el que efectivamente no contamos con ese demiurgo o mecanismo ágil y objetivo que lo solucione, y que, como bien apuntas, los intentos de sustituir este "sistema" de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos por un "sistema" que toma decisiones centralizadas siempre han terminado en pobreza.
No cabe esperar, como dices, que encontremos fronteras nítidas que marquen dónde empieza "el lado oscuro de la eficiencia", que nos faciliten "decidir" que ya es "bastante". Pero sí puede haber algunas señales que nos ayuden a distinguir al Jevons que te saca de la pobreza o te lleva al bienestar del Jevons que te lleva al derroche y a los juegos de status. O al que resulta inocuo frente al que viene con los costes ocultos que, de conocerlos, nos lo pensaríamos mucho más.
Parte del problema es que a estas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos les falta mucha información, en muchos casos simplemente por falta de perspectiva (dónde va a acabar ese envase de un solo uso, cuánto calor más va a pasar a lo largo de su vida por quemar petróleo), sobre consecuencias que nos afectan a todos.
Es probable que el calor no acabe con nosotros, y lo haga alguno de los nuevos candidatos a esa dudosa distinción (con la infertilidad que mencionas trending up junto a la IA), pero sin duda puede hacer nuestra calidad de vida mucho peor (y su defensa mucho más cara) hasta que llegue ese momento. Por lo que no parece buena estrategia simplemente quedarnos mirando hasta que la tecnología nos rescate, con la que sin duda hay que contar, pero puede que no baste si volvemos a replicar el "siempre queremos más" una y otra vez.
¿Qué podemos hacer? Ahí está la pregunta del millón. Hay componentes de palos y zanahorias que pueden aflorar parte de esos costes ocultos, y ajustar todas esas decisiones de mercado, incorporando a esa racionalidad individual una sobreprima por su contribución a un futuro peor. Pero probablemente necesitamos un ingrediente más decisivo que no dependa tanto de esas decisiones centralizadas y que nos haga conscientes de la repercusión de cada decisión. ¿Tal vez un cambio de sensibilidad? ¿Que nos permita decidir cuánto es "bastante"? Sigo buscando y atento a cualquier señal que nos ilumine.
Gracias! Creo que lo describes no es otra cosa que el drama perpetuo del ser humano: tomar decisiones en medio de la incertidumbre. No hay información perfecta, ni siquiera para los que se anticipan. Las señales tienen que poder interpretarse por alguien que no tiene por qué acertar en su visión regulatoria: es decir, es más fácil diagnosticar que tratar. Al final, hablamos del diseño de incentivos que es, de por sí, una ciencia (con dosis de arte) y que sólo puede funcionar por prueba error y mucha honestidad intelectual que la política real suele arruinar. ¿Qué es bastante? Yo sé cuánto es para mi, pero no sé cuánto lo es para un sudanés que nunca ha tenido demasiado y que, como nosotros, busca su cuota de felicidad. ¿Qué hacer? Quisimos meter el coste de contaminar en los precios y el resultado ha sido el clásico caballo diseñado por un comité, un camello que no genera lo que predice el incentivo formal. ¿Calidad de vida? Cualquier persona de clase baja del mundo occidendal vive mejor que cualquier rey medieval, también es cuestión de perspectiva. Nos acucia la cuestión de los ritmos y los plazos. No tiene una gran solución, esto se discute en agendas políticas. Si tengo que elegir, elijo ser tecno-optimista y poco o nada anticonsumo, porque lo contrario suele contener (el hombre nunca actúa sólo en sus creencias y ambiciones) el intento de imponer órdenes morales y económicos que aplastan las sociedades abiertas. Y esto último sí es de mi preferencia. No tengo una respuesta mejor que la tuya. De momento enciendo el aire acondicionado y hago números sobre si poner placas o seguir enchufado a la red normal: los hice con mi madre y el resultado era que, por su edad, hacer la inversión de cambio no tenía sentido económico. Pero para mi sí puede tener sentido si soy el heredero. Como no soy el único, hay que decidirlo entre tres. Y puede que no estemos de acuerdo. Este ejemplo, creo que ilustra la complejidad de estas decisiones. La "sensibilidad" o el cambio de las preferencias declaradas (antes de asumir costes, es decir, "quedar bien") se da, pero yo personalmente temo un poco a las masas enardecidas.
Gracias de nuevo por la reflexión y los ejemplos. Efectivamente no es fácil el equilibrio y comparto tus sospechas y temores. Yo también me considero tecno-optimista y desconfío de dejar a otros que limiten la libertad en nombre de cualquier causa, pero algo falla en el sistema que puede acabar con nosotros, y que de momento ya nos ha dado estos veranos insoportables y creado la frustración de que siempre necesitamos más. Y este modelo de consumo que ignora los costes ocultos, que al final acabaremos pagando de otra forma, tiene mucho que ver.
Y esa es la tragedia de encomendarnos únicamente a la tecnología, que efectivamente nos ha sacado del atolladero una y otra vez, aunque nada nos asegure que vuelva a llegar a tiempo. De ahí mi preocupación de que, aún contando con los medios, algo me dice que mientras sigamos alimentando nuestros deseos infinitos de forma desmesurada, la ley de Jevons puede acabar no jugando en nuestro favor.
Llámalo sensibilidad, educación, referentes... tenemos que reaccionar. Lo mejor es que si lo hacemos disfrutaremos como nunca de las bondades de Jevons. Tomando tu ejemplo, si todos los que están valorando poner placas solares en el mundo decidieran dar el paso adelante, nos encontraríamos unos precios y aceptación social que acelerarían de forma radical el cambio (incluido ese sudanés, que lo más probable es ya haya dado el salto, porque se ha ahorrado los pasos intermedios). Necesitamos ese impulso para que Jevons juegue a nuestro favor donde nos interesa, y deje de hacerlo donde no
👏👏👏
Así es, hacer algo más eficiente no garantiza consumir menos. En arquitectura se ve con claridad. Podemos mejorar aislamientos y sistemas de climatización, pero si construir de forma más eficiente nos lleva a construir más en términos absolutos, el ahorro desaparece por el camino.
Como dices, la clave está en evitar que cada mejora técnica se convierta en una invitación a consumir más. No se trata solo de diseñar edificios, ciudades o sistemas que gasten menos, sino también hábitos y culturas que necesiten menos. Gracias, José María.
Gracias Fran, creo que has dado con la clave. Todo está en nuestro cerebro, e igual que ha habido culturas que han pensado que menos es más y lo han materializado en sus hábitos cotidianos, el entorno actual se basa en un sistema que favorece todo lo contrario, además impulsado por numerosos intereses materiales en juego, y probablemente la única forma de salir de ello es un cambio de sensibilidad.
Muy bueno (y relevante viniendo de ti) el ejemplo de la arquitectura, sobre el que gracias a tu libro y tus posts he desarrollado una sensibilidad muy superior a la que tenía. La educación cuenta mucho!
Escribía en alguno de sus libros Kapuscinski que el bidón de plástico cambió mucho, para bien, la vida en el África más pobre: no sólo bajaba el peso del envase para transportar agua (barro cocido, no hay agua corriente) y, por tanto, se puede llevar más, sino que hasta se podía dejar el envase en la fila para recoger ese agua (o cualquier cosa) y cubrirse del sol. Además, no se rompe como el barro y se repone fácil. Al final del día, la gente toma decisiones de mucha más racionalidad económica de lo que parece, y los costes ocultos son, precisamente, costes ocultos porque nadie los ve: no se le puede reprochar a nadie que no los vea. Así que los africanos del cuento no van a quedarse con la estampa romántica de ver el barro sobre las cabezas para disfrute del visitante en busca de exotismos, van a hacer lo que es eficiente. La paradoja de Jevons no es un invento, una herramienta que encuentra un sistema y, oh magia, se aplica por un demiurgo que tiene intenciones perversas (como no conocer los costes ocultos), sino que es un efecto económico que responde a una lógica muy pura de costes y retornos. Dices: que podamos aprovechar lo bueno de esta paradoja. Y es aquí donde yo siento que el argumentario tiene que repensarse: ¿eso cómo se hace, quién lo decide, cómo se sabe que hemos entrado en el lado oscuro de la eficiencia? El "sistema" no es una orquestación perfectamente controlada predefinida y decidida, con un cerebro con la puñetera manía de no querer cambiar. Lo que llamamos sistema son muchas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos (incluso cuando lo mejor para ellos es malo para otros): si fuera controlable, oye, todo el mundo ganaría dinero en bolsa o un lanzamiento de un nuevo producto no fracasaría. Es decir, que la posibilidad de crear necesidades que no existen sería real y no una forma de teoría de la conspiración. Cuando este "sistema" con incertidumbre es sustituido por un "sistema" que sí toma decisiones centralizadas, de repente la paradoja de Jevons sería un alivio grandísimo: siempre ha terminado en pobreza. Las "necesidades infinitas" no dejan de ser un concepto íntimo antes que colectivo, lo que anhelo yo no es lo que anhela el otro, aunque coincidamos en esto y aquello. Soy escéptico ante la idea de que el "cambio climático" se resuelva con artefactos morales ("no necesitas esto", "vive austero como un maestro zen"), espero bastante más del ingenio para sobrevivir a la naturaleza: si los tuareg llevan siglos en el desierto con camellos y vestidos azules, si los holandeses medievales levantaron los polders para poder controlar la fuerza del mar y cultivar, ¿no vamos a tener tecnología bastante para tener energía abundante y barata?. Ojo con las abundancias que creemos que son abundancias: argumenté con una de las autoras que citas el hecho de que, frente a su afirmación, la industria del hielo no ha desaparecido porque se han inventado las neveras domésticas. Ayer, por cierto, se publicaba un producto de investigadores españoles para retirar microplásticos de las aguas. Ignoro su tasa de eficiencia, pero han llegado a ello porque se ponen a trabajar en ello: un problema conocido que muy seguramente tiene muchos investigadores en el mundo con dinero de todo tipo de procedencias. Quiero decir: una y otra vez se han sustituido tecnologías "obsoletas" por otras más eficientes y, si lo impides, te empobreces. Hay una anécdota que, si no es cierta, lo merece y que se le atribuye al Gorbachov atribulado que abría la Unión Soviética: le decían que en Occidente hacían cosas maravillosas, como jeringuillas que no dolían cuando se clavaban en tu cuerpo. Hay que tener una edad para recordar lo que dolían las de los "practicantes" que visitaban las casas, así como los riesgos de infección de sus repositorios con alcohol que ya no se usan. Concluyo: creo que esperar detener la eficiencia, "decidir" que ya es "bastante" como remedio o suerte de solución a un problema tecnológico no es algo que personalmente vea con futuro. Obviamente, sabemos que una civilización puede colapsar, puede que incluso por la anulación de la fertilidad antes que por el calor, pero tampoco tenemos control sobre eso. Y ese es un problema esencialmente para quienes creen en el más allá. Que es legítimo. Una visión -la mía- muy personal, por supuesto.
Gracias Gonzalo por un comentario tan trabajado como revelador, lleno de buenos argumentos y ejemplos, y muy oportuno, ya que no nos movemos en terrenos de blanco y negro sino de grises. Si pensase que sé cuál es la tecla para solucionar todo esto, probablemente no escribiría estas cosas, más bien me dedicaría a divulgar la solución. Por eso valoro mucho este tipo de aportación.
Coincido que hay un problema técnico difícil de resolver, el cómo emerger esos costes ocultos de forma que ajusten nuestras decisiones, y para el que efectivamente no contamos con ese demiurgo o mecanismo ágil y objetivo que lo solucione, y que, como bien apuntas, los intentos de sustituir este "sistema" de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos por un "sistema" que toma decisiones centralizadas siempre han terminado en pobreza.
No cabe esperar, como dices, que encontremos fronteras nítidas que marquen dónde empieza "el lado oscuro de la eficiencia", que nos faciliten "decidir" que ya es "bastante". Pero sí puede haber algunas señales que nos ayuden a distinguir al Jevons que te saca de la pobreza o te lleva al bienestar del Jevons que te lleva al derroche y a los juegos de status. O al que resulta inocuo frente al que viene con los costes ocultos que, de conocerlos, nos lo pensaríamos mucho más.
Parte del problema es que a estas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos les falta mucha información, en muchos casos simplemente por falta de perspectiva (dónde va a acabar ese envase de un solo uso, cuánto calor más va a pasar a lo largo de su vida por quemar petróleo), sobre consecuencias que nos afectan a todos.
Es probable que el calor no acabe con nosotros, y lo haga alguno de los nuevos candidatos a esa dudosa distinción (con la infertilidad que mencionas trending up junto a la IA), pero sin duda puede hacer nuestra calidad de vida mucho peor (y su defensa mucho más cara) hasta que llegue ese momento. Por lo que no parece buena estrategia simplemente quedarnos mirando hasta que la tecnología nos rescate, con la que sin duda hay que contar, pero puede que no baste si volvemos a replicar el "siempre queremos más" una y otra vez.
¿Qué podemos hacer? Ahí está la pregunta del millón. Hay componentes de palos y zanahorias que pueden aflorar parte de esos costes ocultos, y ajustar todas esas decisiones de mercado, incorporando a esa racionalidad individual una sobreprima por su contribución a un futuro peor. Pero probablemente necesitamos un ingrediente más decisivo que no dependa tanto de esas decisiones centralizadas y que nos haga conscientes de la repercusión de cada decisión. ¿Tal vez un cambio de sensibilidad? ¿Que nos permita decidir cuánto es "bastante"? Sigo buscando y atento a cualquier señal que nos ilumine.
Gracias! Creo que lo describes no es otra cosa que el drama perpetuo del ser humano: tomar decisiones en medio de la incertidumbre. No hay información perfecta, ni siquiera para los que se anticipan. Las señales tienen que poder interpretarse por alguien que no tiene por qué acertar en su visión regulatoria: es decir, es más fácil diagnosticar que tratar. Al final, hablamos del diseño de incentivos que es, de por sí, una ciencia (con dosis de arte) y que sólo puede funcionar por prueba error y mucha honestidad intelectual que la política real suele arruinar. ¿Qué es bastante? Yo sé cuánto es para mi, pero no sé cuánto lo es para un sudanés que nunca ha tenido demasiado y que, como nosotros, busca su cuota de felicidad. ¿Qué hacer? Quisimos meter el coste de contaminar en los precios y el resultado ha sido el clásico caballo diseñado por un comité, un camello que no genera lo que predice el incentivo formal. ¿Calidad de vida? Cualquier persona de clase baja del mundo occidendal vive mejor que cualquier rey medieval, también es cuestión de perspectiva. Nos acucia la cuestión de los ritmos y los plazos. No tiene una gran solución, esto se discute en agendas políticas. Si tengo que elegir, elijo ser tecno-optimista y poco o nada anticonsumo, porque lo contrario suele contener (el hombre nunca actúa sólo en sus creencias y ambiciones) el intento de imponer órdenes morales y económicos que aplastan las sociedades abiertas. Y esto último sí es de mi preferencia. No tengo una respuesta mejor que la tuya. De momento enciendo el aire acondicionado y hago números sobre si poner placas o seguir enchufado a la red normal: los hice con mi madre y el resultado era que, por su edad, hacer la inversión de cambio no tenía sentido económico. Pero para mi sí puede tener sentido si soy el heredero. Como no soy el único, hay que decidirlo entre tres. Y puede que no estemos de acuerdo. Este ejemplo, creo que ilustra la complejidad de estas decisiones. La "sensibilidad" o el cambio de las preferencias declaradas (antes de asumir costes, es decir, "quedar bien") se da, pero yo personalmente temo un poco a las masas enardecidas.
Gracias de nuevo por la reflexión y los ejemplos. Efectivamente no es fácil el equilibrio y comparto tus sospechas y temores. Yo también me considero tecno-optimista y desconfío de dejar a otros que limiten la libertad en nombre de cualquier causa, pero algo falla en el sistema que puede acabar con nosotros, y que de momento ya nos ha dado estos veranos insoportables y creado la frustración de que siempre necesitamos más. Y este modelo de consumo que ignora los costes ocultos, que al final acabaremos pagando de otra forma, tiene mucho que ver.
Y esa es la tragedia de encomendarnos únicamente a la tecnología, que efectivamente nos ha sacado del atolladero una y otra vez, aunque nada nos asegure que vuelva a llegar a tiempo. De ahí mi preocupación de que, aún contando con los medios, algo me dice que mientras sigamos alimentando nuestros deseos infinitos de forma desmesurada, la ley de Jevons puede acabar no jugando en nuestro favor.
Llámalo sensibilidad, educación, referentes... tenemos que reaccionar. Lo mejor es que si lo hacemos disfrutaremos como nunca de las bondades de Jevons. Tomando tu ejemplo, si todos los que están valorando poner placas solares en el mundo decidieran dar el paso adelante, nos encontraríamos unos precios y aceptación social que acelerarían de forma radical el cambio (incluido ese sudanés, que lo más probable es ya haya dado el salto, porque se ha ahorrado los pasos intermedios). Necesitamos ese impulso para que Jevons juegue a nuestro favor donde nos interesa, y deje de hacerlo donde no
Mira qué interesante. Como todo lo que publica la prensa generalista, con pinzas, pero tengamos en cuenta que es el país que más emisiones genera: https://www.elmundo.es/economia/2026/09/21/6ab0e26ee4d4d83f3b8b4576.html