3 Comentarios
Avatar de User
Avatar de Gonzalo Martin

Escribía en alguno de sus libros Kapuscinski que el bidón de plástico cambió mucho, para bien, la vida en el África más pobre: no sólo bajaba el peso del envase para transportar agua (barro cocido, no hay agua corriente) y, por tanto, se puede llevar más, sino que hasta se podía dejar el envase en la fila para recoger ese agua (o cualquier cosa) y cubrirse del sol. Además, no se rompe como el barro y se repone fácil. Al final del día, la gente toma decisiones de mucha más racionalidad económica de lo que parece, y los costes ocultos son, precisamente, costes ocultos porque nadie los ve: no se le puede reprochar a nadie que no los vea. Así que los africanos del cuento no van a quedarse con la estampa romántica de ver el barro sobre las cabezas para disfrute del visitante en busca de exotismos, van a hacer lo que es eficiente. La paradoja de Jevons no es un invento, una herramienta que encuentra un sistema y, oh magia, se aplica por un demiurgo que tiene intenciones perversas (como no conocer los costes ocultos), sino que es un efecto económico que responde a una lógica muy pura de costes y retornos. Dices: que podamos aprovechar lo bueno de esta paradoja. Y es aquí donde yo siento que el argumentario tiene que repensarse: ¿eso cómo se hace, quién lo decide, cómo se sabe que hemos entrado en el lado oscuro de la eficiencia? El "sistema" no es una orquestación perfectamente controlada predefinida y decidida, con un cerebro con la puñetera manía de no querer cambiar. Lo que llamamos sistema son muchas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos (incluso cuando lo mejor para ellos es malo para otros): si fuera controlable, oye, todo el mundo ganaría dinero en bolsa o un lanzamiento de un nuevo producto no fracasaría. Es decir, que la posibilidad de crear necesidades que no existen sería real y no una forma de teoría de la conspiración. Cuando este "sistema" con incertidumbre es sustituido por un "sistema" que sí toma decisiones centralizadas, de repente la paradoja de Jevons sería un alivio grandísimo: siempre ha terminado en pobreza. Las "necesidades infinitas" no dejan de ser un concepto íntimo antes que colectivo, lo que anhelo yo no es lo que anhela el otro, aunque coincidamos en esto y aquello. Soy escéptico ante la idea de que el "cambio climático" se resuelva con artefactos morales ("no necesitas esto", "vive austero como un maestro zen"), espero bastante más del ingenio para sobrevivir a la naturaleza: si los tuareg llevan siglos en el desierto con camellos y vestidos azules, si los holandeses medievales levantaron los polders para poder controlar la fuerza del mar y cultivar, ¿no vamos a tener tecnología bastante para tener energía abundante y barata?. Ojo con las abundancias que creemos que son abundancias: argumenté con una de las autoras que citas el hecho de que, frente a su afirmación, la industria del hielo no ha desaparecido porque se han inventado las neveras domésticas. Ayer, por cierto, se publicaba un producto de investigadores españoles para retirar microplásticos de las aguas. Ignoro su tasa de eficiencia, pero han llegado a ello porque se ponen a trabajar en ello: un problema conocido que muy seguramente tiene muchos investigadores en el mundo con dinero de todo tipo de procedencias. Quiero decir: una y otra vez se han sustituido tecnologías "obsoletas" por otras más eficientes y, si lo impides, te empobreces. Hay una anécdota que, si no es cierta, lo merece y que se le atribuye al Gorbachov atribulado que abría la Unión Soviética: le decían que en Occidente hacían cosas maravillosas, como jeringuillas que no dolían cuando se clavaban en tu cuerpo. Hay que tener una edad para recordar lo que dolían las de los "practicantes" que visitaban las casas, así como los riesgos de infección de sus repositorios con alcohol que ya no se usan. Concluyo: creo que esperar detener la eficiencia, "decidir" que ya es "bastante" como remedio o suerte de solución a un problema tecnológico no es algo que personalmente vea con futuro. Obviamente, sabemos que una civilización puede colapsar, puede que incluso por la anulación de la fertilidad antes que por el calor, pero tampoco tenemos control sobre eso. Y ese es un problema esencialmente para quienes creen en el más allá. Que es legítimo. Una visión -la mía- muy personal, por supuesto.

Avatar de Jose Maria Garcia

Gracias Gonzalo por un comentario tan trabajado como revelador, lleno de buenos argumentos y ejemplos, y muy oportuno, ya que no nos movemos en terrenos de blanco y negro sino de grises. Si pensase que sé cuál es la tecla para solucionar todo esto, probablemente no escribiría estas cosas, más bien me dedicaría a divulgar la solución. Por eso valoro mucho este tipo de aportación.

Coincido que hay un problema técnico difícil de resolver, el cómo emerger esos costes ocultos de forma que ajusten nuestras decisiones, y para el que efectivamente no contamos con ese demiurgo o mecanismo ágil y objetivo que lo solucione, y que, como bien apuntas, los intentos de sustituir este "sistema" de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos por un "sistema" que toma decisiones centralizadas siempre han terminado en pobreza.

No cabe esperar, como dices, que encontremos fronteras nítidas que marquen dónde empieza "el lado oscuro de la eficiencia", que nos faciliten "decidir" que ya es "bastante". Pero sí puede haber algunas señales que nos ayuden a distinguir al Jevons que te saca de la pobreza o te lleva al bienestar del Jevons que te lleva al derroche y a los juegos de status. O al que resulta inocuo frente al que viene con los costes ocultos que, de conocerlos, nos lo pensaríamos mucho más.

Parte del problema es que a estas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos les falta mucha información, en muchos casos simplemente por falta de perspectiva (dónde va a acabar ese envase de un solo uso, cuánto calor más va a pasar a lo largo de su vida por quemar petróleo), sobre consecuencias que nos afectan a todos.

Es probable que el calor no acabe con nosotros, y lo haga alguno de los nuevos candidatos a esa dudosa distinción (con la infertilidad que mencionas trending up junto a la IA), pero sin duda puede hacer nuestra calidad de vida mucho peor (y su defensa mucho más cara) hasta que llegue ese momento. Por lo que no parece buena estrategia simplemente quedarnos mirando hasta que la tecnología nos rescate, con la que sin duda hay que contar, pero puede que no baste si volvemos a replicar el "siempre queremos más" una y otra vez.

¿Qué podemos hacer? Ahí está la pregunta del millón. Hay componentes de palos y zanahorias que pueden aflorar parte de esos costes ocultos, y ajustar todas esas decisiones de mercado, incorporando a esa racionalidad individual una sobreprima por su contribución a un futuro peor. Pero probablemente necesitamos un ingrediente más decisivo que no dependa tanto de esas decisiones centralizadas y que nos haga conscientes de la repercusión de cada decisión. ¿Tal vez un cambio de sensibilidad? ¿Que nos permita decidir cuánto es "bastante"? Sigo buscando y atento a cualquier señal que nos ilumine.

Avatar de Gonzalo Martin

Gracias! Creo que lo describes no es otra cosa que el drama perpetuo del ser humano: tomar decisiones en medio de la incertidumbre. No hay información perfecta, ni siquiera para los que se anticipan. Las señales tienen que poder interpretarse por alguien que no tiene por qué acertar en su visión regulatoria: es decir, es más fácil diagnosticar que tratar. Al final, hablamos del diseño de incentivos que es, de por sí, una ciencia (con dosis de arte) y que sólo puede funcionar por prueba error y mucha honestidad intelectual que la política real suele arruinar. ¿Qué es bastante? Yo sé cuánto es para mi, pero no sé cuánto lo es para un sudanés que nunca ha tenido demasiado y que, como nosotros, busca su cuota de felicidad. ¿Qué hacer? Quisimos meter el coste de contaminar en los precios y el resultado ha sido el clásico caballo diseñado por un comité, un camello que no genera lo que predice el incentivo formal. ¿Calidad de vida? Cualquier persona de clase baja del mundo occidendal vive mejor que cualquier rey medieval, también es cuestión de perspectiva. Nos acucia la cuestión de los ritmos y los plazos. No tiene una gran solución, esto se discute en agendas políticas. Si tengo que elegir, elijo ser tecno-optimista y poco o nada anticonsumo, porque lo contrario suele contener (el hombre nunca actúa sólo en sus creencias y ambiciones) el intento de imponer órdenes morales y económicos que aplastan las sociedades abiertas. Y esto último sí es de mi preferencia. No tengo una respuesta mejor que la tuya. De momento enciendo el aire acondicionado y hago números sobre si poner placas o seguir enchufado a la red normal: los hice con mi madre y el resultado era que, por su edad, hacer la inversión de cambio no tenía sentido económico. Pero para mi sí puede tener sentido si soy el heredero. Como no soy el único, hay que decidirlo entre tres. Y puede que no estemos de acuerdo. Este ejemplo, creo que ilustra la complejidad de estas decisiones. La "sensibilidad" o el cambio de las preferencias declaradas (antes de asumir costes, es decir, "quedar bien") se da, pero yo personalmente temo un poco a las masas enardecidas.