Entre los comentarios al post “Otro verano”, publicado el pasado julio, Viriditas Dianae compartió esta reflexión:
El aire acondicionado es un invento egoísta. Solo agrava el problema en el exterior para que a nivel individual estemos mejor en el interior. Y encima con más gasto energético. Crea más problemas de los que soluciona!
A lo que otra lectora, belen codes, añadió: “El aire acondicionado salva vidas”.
Como en otras situaciones sin solución sencilla, puede que estemos ante dos afirmaciones ciertas y aún así aparentemente contradictorias. Bajemos al siguiente nivel de detalle y tratemos de encontrar si hay un equilibrio entre ambas.
El aire acondicionado salva vidas
En Europa estamos viendo una tendencia que otras regiones ya conocían: El aire acondicionado está pasando de ser una tecnología opcional a convertirse en un objeto de primera necesidad.
Así lo prueba que, consecuencia del calor de este verano, han explotado las ventas de los aparatos de aire acondicionado en Europa. Y es que sólo un 20% de los hogares europeos contaban con uno.

Porque el calor mata. Un estudio de la OMS de 2024 estimaba en 175.000 las muertes atribuidas al calor anualmente en Europa. Probablemente sean muchas más. Y en cualquier caso se estiman superiores a otras geografías comparables (un punto de vista curioso es esta comparación entre muertes por armas y por calor entre Europa y USA).
Con más días de calor extremo cada año, el aire acondicionado está pasando en Europa de ser un lujo a significar la supervivencia para mucha gente. Pero, ¿estamos haciendo un uso razonable del mismo? Porque tiene efectos secundarios que no podemos ignorar…
El egoísmo del aire acondicionado
Como bien resumía Viriditas Dianae, encender el aire acondicionado no es neutro: nos proporciona un beneficio inmediato, la temperatura deseada, pero en paralelo causa un perjuicio, al calentar el exterior de forma inmediata y a futuro, al emitir gases de efecto invernadero, que al acumularse en la atmósfera contribuyen al calentamiento global.
Cómo funciona un aparato de aire acondicionado y cómo influye en la temperatura exterior
El aire acondicionado es un invento con más de un siglo de antigüedad, desde que Willis Carrier patentó en 1902 el proceso de compresión de vapor en que se basa. Su funcionamiento se basa en mover el calor del interior al exterior de un espacio. No en producir frío, sino en expulsar el calor fuera de los edificios.
Basado en la energía térmica, su eficiencia depende de la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior entre los que desplaza el aire. En cuanto mayor sea dicha diferencia, mayor energía requerirá. Lo que explica que su uso ante diferencias cada vez mayores de temperatura esté disparando la demanda de energía para la refrigeración.
El aire acondicionado cuenta con 2 componentes fundamentales: un refrigerante, que es un fluido que toma el calor del interior, lo evapora y absorbe, y una tecnología llamada compresor, que comprime el refrigerante. Integrados con una unidad exterior de expulsión del calor, crean un circuito cerrado que mantiene de forma continuada este ciclo.
Al funcionar, el aire acondicionado contribuye al cambio climático, causado por el consumo de electricidad para el compresor, a lo que se añaden las fugas de gases refrigerantes necesarios para su funcionamiento. Además, eleva la temperatura de las ciudades y barrios en que se utiliza al expulsar dicho calor al exterior. Veamos ambos impactos.
El efecto del aire acondicionado sobre el cambio climático
A fecha de hoy, la refrigeración produce el 7% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, tanto como la producción global de cemento. Con un crecimiento x3 de su demanda de electricidad para 2050 conforme a la IEA, superior a los data centers, podría llegar a suponer entre el 15% y el 20% del total de emisiones de gases de efecto invernadero.
Buena parte de este impacto se deriva del consumo de electricidad para el funcionamiento del compresor, que depende de cómo se haya generado la misma. Que deberá reducirse según avance la transición energética y aumente el peso de energías renovables y limpias en el mix eléctrico.
Los refrigerantes, también conocidos como “F-gases”, y utilizados en otros dispositivos como los frigoríficos, son otro gas de efecto invernadero, responsables globalmente del 2% de las emisiones. Se trata de los HFC o hidrofluorocarbonos, que en principio se mantienen dentro del circuito cerrado del aire acondicionado. Pese a suponer muchas menos emisiones, limitadas a las fugas y falta de cuidado durante el mantenimiento y al deshacerse del equipo al final de su vida útil, su efecto de calentamiento de la atmósfera es en media 200 veces más potente que el CO2.
El efecto del aire acondicionado en las ciudades y barrios
Al expulsar el aire caliente al exterior, el aire acondicionado también aumenta el calor en barrios y ciudades, particularmente en entornos concentrados y poco ventilados. Y acentúa el efecto de “isla de calor urbana”. Siendo muy variable en cada caso, existen estudios que lo atribuyen aumentos de temperatura, como este que estima que Paris se calentaría 2ºC adicionales si todos sus habitantes instalasen aire acondicionado.
Y es que el aire acondicionado resulta también insolidario entre los que pueden permitírselo y los que no. Y entre los que hacen un uso excesivo del mismo frente a los que lo moderan. Enfriando el interior a costa de hacer más caluroso el exterior. A lo que podríamos añadir el ruido de sus máquinas y las molestias que producen a aquellos que los usan de forma responsable y prefieren dormir con la ventana abierta.
Teniendo todo esto en cuenta, sí podemos hablar de cierto egoísmo. ¿Hay algo que podamos hacer para reducirlo?
Hacia un aire acondicionado menos egoísta
Afortunadamente, el aire acondicionado y la energía que lo alimenta son tecnologías en evolución, y ambas parecen traer avances relevantes para reducir su impacto medioambiental negativo. Y a su vez hacerlo más asequible para llegar a todos los que lo necesitan.
El aire acondicionado como aliado de la transición energética
La oportunidad más visible para que el aire acondicionado ayude a enfriar y no a calentar el Planeta viene por la adopción de energías limpias, particularmente la solar, que tan presente está durante las horas del día en que el calor es más insoportable.
De hecho, cubrir la necesidad de aire acondicionado es una oportunidad para liberar de emisiones también a la calefacción, mediante la instalación de bombas de calor.
Las bombas de calor, o aerotermia, no son sino variantes de la misma tecnología, que, en lugar de mover el aire caliente al exterior, lo hacen al interior. Su versión reversible permite disfrutar de aire acondicionado en verano y calefacción en invierno con el mismo dispositivo. Y la gama de soluciones que cubren cada vez es más amplia, como esta bomba que permite calentar el agua, y por tanto es compatible con los sistemas de radiadores de agua de tantos hogares.
Como destaca Jan Rosenow, la adopción de la aerotermia para todas las necesidades de climatización puede ser un motor importante en la descarbonización de la red eléctrica, reforzando el impulso de la electrificación y las energías renovables.
Evolución de la tecnología del aire acondicionado
Además, se están produciendo avances relevantes en la propia tecnología del aire acondicionado para aumentar su eficiencia, basados en separar su doble funcionalidad de la que no solemos ser conscientes, porque el aire acondicionado no sólo enfría, regulando la temperatura. También deshumidifica, regulando la humedad del aire.
Cuando Carrier inventó el aire acondicionado, su objetivo no era regular la temperatura sino reducir la humedad del aire, para impedir el deterioro de la calidad del papel en la fábrica en que trabajaba. No podía imaginarse el impacto de su invento y su creciente necesidad en tiempos de calentamiento global.
Sin embargo, controlar la temperatura y la humedad a la vez es poco eficiente - un tercio de la electricidad consumida se destina a eliminar la humedad. Problema que se agrava según las diferencias de temperatura aumentan.
Nuevas tecnologías de aire acondicionado permiten el control independiente de humedad y temperatura, con un aumento radical de su eficiencia, reduciendo el consumo de energía entre 50% y 90%, y el impacto medioambiental de los refrigerantes en un 85%. Lo que los hace más baratos también para el consumidor.
El RMI, fundación que promueve la abundancia de energía limpia y accesible, habla de la solución en forma de dispositivos de “Aire Acondicionado Super-Eficiente”, Bajo el slogan “The world needs a better air conditioner”, plantea un plan integrado para hacer frente a la demanda global de refrigeración, sin calentar más el Planeta ni dejar a nadie fuera, sobre la base de la tecnología y la innovación, que apoya con su Global Cooling Efficiency Accelerator.
Mejoras que empiezan con una mejora más simple. Un 15-20% de la ganancia en eficiencia puede venir directamente de incorporar controles separados para temperatura y humedad en los dispositivos actuales, de forma que el aparato pueda optimizar mejor el uso del compresor y el refrigerante. Más cuando se ha observado que con frecuencia los usuarios programan temperaturas más bajas buscando una sensación de confort que no depende de esta, sino de su combinación con la humedad.
Mayores mejoras vendrán de esa nueva generación de dispositivos de “Aire Acondicionado Super-Eficiente”. Para los que un elemento clave es la reducción previa de la humedad, mediante la exposición previa del aire a sustancias que absorben el agua como desecantes o membranas. Un paso más allá van los sistemas de refrigeración en estado sólido, que no requieren compresor ni gas refrigerante, al aplicar una fuerza (presión, magnética o eléctrica) para producir el cambio de temperatura.
Otros avances intentan reducir el fuerte efecto invernadero de los HFCs como refrigerantes. Como su sustitución por refrigerantes naturales como el propano y el amoníaco, que causan mucho menor calentamiento de la atmósfera, pese a otros riesgos como inflamación y toxicidad, o el propio CO2. No en vano, los HFCs ya sustituyeron a los previos CFCs y HCFCs por el protocolo de Montreal, que los prohibió por sus efectos en la capa de ozono.
Por último, es clave no descuidar la gestión integral del ciclo de vida de los dispositivos de aire acondicionado, para asegurar que está bien cargado, de lo que depende su rendimiento, evitar fugas, y procurar su aprovechamiento circular al final de su vida útil.
Depender menos del aire acondicionado
Pero probablemente lo mejor que podemos hacer para descargar de egoísmo al aire acondicionado es desarrollar una relación sana y reservar su uso cuando no existan otras opciones, dedicando más atención a estrategias de climatización pasiva que no requieren consumo de energía.
Estrategias que eran la base tradicional del urbanismo y la arquitectura cuando no se contaba con sistemas de climatización técnicos. Que también explican que en buena parte de Europa muchos edificios se diseñaron para retener el calor y están mal preparados para veranos cada vez más largos y calurosos.
Hay un principio básico detrás de estas estrategias: La mejor forma de evitar calor en el interior es protegerse de las radiaciones solares que lo traen desde el exterior. En palabras de Francisco Colom, hay que elegir entre “evitar que el calor atraviese la ventana o pelear por sacarlo”. En su libro “Cómo hacer hielo en el desierto” habla de “domar el sol” e ilustra estos conceptos, algunos de cuyos ejemplos he incluido y enlazado.
Porque buena parte del problema no depende de nosotros sino del entorno que nos rodea, especialmente las “islas de calor urbanas”, a las que se atribuyen aumentos de temperatura sobre su entorno que pueden exceder los 10ºC. Para las que el WRI realiza un listado de 4 estrategias para reducir su temperatura:
Superficies que absorben o reflejan el calor, reduciendo la temperatura interior, como los tejados y azoteas “verdes”, pintados de blanco, o que incorporan avances como los materiales radiactivos (“PDRC”), que no sólo reflejan el calor sino que lo irradian.
Sombras, mediante árboles o cubiertas, como los “corredores de sombra”.
Espacios y pasillos verdes, que además hidratan el entorno.
Materiales que retrasan el efecto del calor, como la sustitución de asfalto por masas de agua, espacios verdes o pavimentos permeables.
Los mismos principios operan y podemos aplicarlos a nivel edificio y hogar, sin olvidarnos que, aunque en verano queremos protegernos del sol, en invierno queremos disfrutarlo y aprovecharlo, pues queremos protegernos del frío. Ello requiere un diseño que tenga en cuenta ese juego entre el sol y la sombra y la ventilación natural, y por un aislamiento y equipamiento adecuado, que puede incluir otros elementos de climatización mecánica como los ventiladores de techo.
Contar con esos elementos (toldos, ventanas, contraventanas, persianas, plantas, humedad, colores y materiales..) pueden proporcionarnos la protección que necesitamos para no pasar calor sin gastar energía con mucha más frecuencia, evitando aislarnos de nuestro entorno exterior mientras no sea necesario.
Cómo ser menos egoísta
¿Nos parece un invento menos egoísta el aire acondicionado, ahora que sabemos que salva vidas, y que como tecnología está avanzando para reducir de forma significativa sus efectos nocivos?
Como con la mayoría de los inventos, no se puede negar que hay personas que pueden hacer un uso egoísta del mismo. Por sus efectos sobre el clima y la temperatura en nuestro entorno, particularmente exacerbado frente a los que no pueden disfrutar de sus beneficios o simplemente lo usan de forma más responsable.
Un uso moderado del aire acondicionado, y de los sistemas de climatización en general, nos puede procurar sus beneficios y proteger nuestra salud y bienestar, a la vez que lograr el equilibrio que buscábamos. Eligiendo temperaturas razonables con cada estación, evitando pasar frío en verano y calor en invierno.
Podríamos aplicar un principio de subsidiariedad a la hora de protegernos del calor, en el que prioricemos abrir y cerrar ventanas, plegar y desplegar toldos, abrir y cerrar persianas, vestir más ligero o beber más agua, y limitemos el uso del aire acondicionado a esos días y horas que lo convierten en imprescindible.
Y si decidimos instalar o renovar el equipamiento de aire acondicionado, hay que evitar las prisas, hacerlo bien y no precipitarse a comprar. Ahora que cambiamos de estación, puede ser el momento para planificar de forma proactiva, y evitar una compra precipitada en la próxima emergencia de calor. Y, ya puestos, elegir un equipo de aerotermia de calor-frío, con la mayor eficiencia posible, que reducirá nuestras emisiones y gastos de energía.
Tal vez así podremos proteger nuestra salud gracias al aire acondicionado. Sin perjudicar la de los demás ni sentirnos egoístas.



