Marie Kondo te romperá el corazón
Minimalismo y propósito
Desde que publicó La Magia del Orden, la japonesa Marie Kondo nos conquistó con la promesa de que el minimalismo nos traería una vida mejor.
Marie nos enseñó que cada cosa podía hablarnos y contarnos si nos hacía sentir bien. Transmitirnos, o no, esa “chispa de alegría” (“spark joy”) que nos revelaría si todavía la queríamos o había llegado el momento de prescindir de ella.
Con su discreto encanto asiático y su historia personal, como fanática del orden desde la infancia, Marie encarnaba al “ángel de la guardia” que podía acompañarnos en las difíciles decisiones de deshacernos de las cosas que ya no necesitamos y darnos la entereza para dejarlas marchar. Y a la vez sentirnos bien, con esa chispa de alegría.
Tanto que acabó llevando su magia del orden hasta Netflix, creando el exitoso programa “¡A ordenar con Marie Kondo!” (y su secuela “A despertar la felicidad con Marie Kondo”), basado en su procedimiento Konmari. Método que también bajó al detalle en su segundo libro La Felicidad después del Orden e incluso en una versión manga.
Con un enfoque sistemático basado en principios sencillos que obliga a hacer una revisión completa de nuestras casas, el método Konmari facilita tomar decisiones y, sobre todo, arrancar un cambio de hábitos, que siempre resulta lo más difícil.
Marie irrumpió como una fenómeno que legitimaba socialmente el “menos es más”. Junto a otros fenómenos del momento, como The Minimalists, también célebres gracias a Netflix, parecían augurar una tendencia por la que el minimalismo podía imponerse sobre el materialismo consumista. Por propósito, pero sobre todo por practicidad. Y por estilo. Una promesa que consiguió enamorar.

Extensión de marca
Años después, parece oportuno preguntar qué ha conseguido Marie, y si ha cumplido su propósito original. Más allá de los datos que confirman su repercusión, como los más de 14 millones de libros vendidos, hay ciertos indicios que nos pueden ayudar a entender su impacto real.
De las consecuencias de su impulso dan fe organizaciones benéficas destinadas a recoger donaciones de particulares, algunas de las cuales incluso levantaron la bandera de no ser capaces de hacerse cargo de más objetos, particularmente en categorías como la moda. Así como la industria del vintage y la segunda mano, que ha recibido mucho más inventario del que estaba acostumbrada, si bien aquí coincide con el desarrollo de plataformas como Vinted o Wallapop que han hecho explotar el mercado.
Y es que la “chispa de alegría” nos ha impulsado a deshacernos de las cosas con mayor facilidad. Tanto que ha dado lugar a una nueva industria en buena medida creada en torno a Marie: la de las consultoras de Konmari, o más genéricamente, las organizadoras personales del hogar, cuya labor es asegurar el minimalismo en nuestras casas, y que pueden llegar a cobrar una cuantiosa tarifa por hora por ayudar a deshacernos de todo lo que nos aleja del equilibrio deseado.
Ese minimalismo de foto no se conforma con decir adiós a todo lo que ya perdió su chispa. Y Marie también puede ayudarnos con la solución. Inicialmente centrada en objetos de organización y orden, lanzó su tienda de objetos Konmari para acercarnos a esa armonía minimalista, y cada día incorpora más categorías. Siempre fiel a una estética funcional y la cultura japonesa.
Este ejercicio de extensión de marca ha continuado con la aplicación de su filosofía a otros campos, como el mundo del trabajo, las relaciones y la amistad, que ha ido cubriendo con nuevos libros, contenidos y productos asociados, incluyendo una “carta desde Japón”. Y que lleva a los detalles más concretos de nuestra vida, desde la organización de un picnic a la preparación de las maletas.
Porque Marie ha entendido que el mundo está lleno de “clutter”, término inglés que podríamos traducir como desorden, pero también como exceso, desmán o incluso dejadez. Que no se limita a los objetos, sino que alcanza todos los aspectos de nuestra vida. Y aquí está ella para ayudarnos a solucionarlo, con su filosofía basada en la alegría y la simplicidad.

¿Reina rompecorazones?
Y es que Marie como marca se ha vuelto tan notoria que se ha convertido en un gran negocio. En el que su aplicación a nuevos casos de uso de lucha contra el “clutter” puede dar lugar a nuevos ingresos. Lo que le puede alejar de su humilde imagen de simplicidad japonesa. Y romper algunos corazones.
Pero que el éxito traiga negocio es el signo de los tiempos y la inercia de un sistema en el que todo exige crecer y vender más. Y será tan bueno o tan malo como sus consecuencias. De cómo de fiel se mantenga a su propósito de acercarnos un mundo mejor.
Porque el minimalismo por el minimalismo no es necesariamente bueno. Puede tener efectos positivos en nuestra paz mental. Y ser un primer paso para alejarnos de lo material. Pero su efecto para el Planeta dependerá del destino de todo lo que descartamos.
Si el minimalismo se convierte en tirar más para comprar más, habrá sido fagocitado por un sistema que ataca cualquier atisbo de resistencia, y roto definitivamente nuestro corazón.
¿Oportunidades perdidas?
Parece que Marie es consciente de esta tensión. Y nos recuerda las virtudes del método Konmari para llevar una vida más sostenible, al reducir el exceso y el desperdicio, invitar a darle una segunda vida a las cosas y enfocarse en desarrollar hábitos recurrentes. Facilitando incluso recursos para donar o darle un uso a las cosas.
Y es que, en esta situación de tensión medioambiental, una filosofía minimalista puede ser clave para aliviar el estrés que soporta la Tierra por una producción y consumo desmedidos. Mediante una palanca tan sencilla como reducir lo que consumimos.
Pero lo realmente relevante es lo que ocurre realmente cuando se aplica Konmari. ¿Nos está ayudando a construir el hábito de vivir con menos, o simplemente se ha convertido en un modelo de consumismo diferente, más chic pero con efectos similares?
Si Marie quisiera, Konmari podría extenderse hacia oportunidades cercanas que refuercen un estilo de vida de necesitar y consumir menos.
Como incorporar el test de la “chispa de alegría” al momento de la compra, incluso reforzando el poder de la renuncia y desafiando a la prisa, como ocasionalmente menciona ante decisiones como las decoraciones y regalos navideños. ¿De verdad lo necesito? ¿Qué nivel de alegría me debe provocar algo para comprarlo? ¿Y si convirtiese el Konmari Shopping en el eje de su próximo libro?
O el regular ese impulso de compra. Tal vez introduciendo algunas de sus reglas que impidan caer en un falso minimalismo en serie que se caracterice por acumular cosas por temporadas hasta que llegue el momento de deshacerse de ellas y volver a llenar el hogar. Como un máximo de compras o un umbral que nos regule qué incorporar a ese entorno de simplicidad.
Es más, su imperio del orden podría convertirse claramente en una fuerza por el bien del Planeta, un agente circular de primer orden: ¿y si las organizadoras personales contasen con un método riguroso para asegurar que se retiene el máximo valor de los objetos desechados trabajando con plataformas de sharing, reutilización y reciclaje conforme al potencial de cada producto? ¿y si informasen en tiempo real a sus clientes de las posibilidades de extensión de la vida útil de cada objeto, de hecho educándoles en la posesión de menos cosas pero más destinadas a durar?
Hacer más explícitas estas decisiones en la aplicación del método podría llevar a un minimalismo más consciente de las consecuencias de nuestras decisiones. En armonía no sólo con nuestros objetos, sino con el entorno que nos rodea.
Carta desde Suecia: Ordenar antes de morir
Pero Marie no fue la primera inspiración global del minimalismo. Ese honor le corresponde a Margareta Magnusson, pese a no haber sido cubierta por Netflix. En 2017, cuando tenía 81 años, publicó “The Gentle Art of Swedish Death-Cleaning” (traducido al español como “El arte sueco de ordenar antes de morir”), una versión más directa y atávica de la buena práctica de reducir nuestras posesiones.
Margareta falleció en marzo, en una casa con sillas y vasos contados y etiquetas e instrucciones indicando el destino de cada objeto. The Economist le dedicó una obituaria en la que la proclamaba “guru of decluttering”, en la que resume su filosofía:
Reducir “skräp” era una tradición ancestral en Suecia, donde los vikingos eran enterrados con sus cosas para quitarlas de enmedio. Lo que se denominaba “döstädning”, o “orden antes de morir”.
¿Por qué dejar toda tu “basura” para que otros se encarguen de ella? Tienes la obligación moral de hacerte cargo de ella, por tus hijos y por el Planeta.
Porque el “orden antes de morir” no iba sobre la muerte. Iba de ayudar a la gente a vivir más ligera en el presente. Al liberarte de las cosas, puedes mirar al mundo con ojos nuevos.
Margareta nos dejó otra lección: Para apreciar un objeto, no necesitas poseerlo. Contemplarlo en un escaparate también puede ser satisfactorio. ¿Y hacer saltar la “chispa de alegría”? Seguro que Marie diría que sí.
La guerra contra el “clutter”, continuación
Como heredera de esta tradición, Marie encarna un estilo de vida que, como a los monarcas actuales, no hace sino exigirle más. Porque está en posición de ir más allá e influir. Con la autoridad viene la responsabilidad.
A su vez surgen nuevos referentes, como la tendencia del “underconsumption”, que está marcando tendencias en videos de Tiktok y Youtube, impulsada más por el bolsillo que por el minimalismo.
Hay jóvenes que han descubierto que la mejor manera de aumentar su poder adquisitivo es gastar menos, y han aprendido a resistirse a los ganchos de compra impulsiva que nos rodean. Escapar de la “overconsumption” de comprar cosas que no necesitan y apenas llegan a usar. Práctica que, aparte de los beneficios para su bolsillo y el Planeta, se han dado cuenta que también es mejor para su salud mental.
Parece que Marie está tomando nota. Ha trascendido de la magia del orden y ha apostado por ser el referente para hacer frente al “clutter” que invade nuestras vidas. Como pone de manifiesto su reciente incursión en el mundo de las finanzas personales, con planteamientos que podrían acercarse a los de Morgan Housel o el “Fuck You Money” de Joan Tubau: “Suscripciones olvidadas, gastos que ya no reflejan quiénes somos, objetivos financieros que fijamos más por hábito que de forma intencional - el desorden financiero siempre encuentra como acumularse silenciosamente”.
¿Será tal vez el primer paso para combatir el “clutter” allí donde nace y resetear los hábitos consumistas?
El tiempo dirá si Marie Kondo deja un legado a la altura de la promesa que nos hizo de cambiar nuestras vidas. Si la recordaremos porque cambiamos cómo doblamos los calcetines o porque su método nos llevó a cambiar nuestra relación con las cosas y el entorno que nos rodea. Si el minimalismo se quedó en un juego sin propósito o fue algo relevante y consecuente que nos transformó allí donde se origina el “clutter”.
Con sólo 41 años, tiempo le queda para decidir si nos acabará rompiendo el corazón o nos llevará a la mejor fase del romance. Como una cerámica de Kintsugi cuya reparación resulta más bella que la original. Con orden y alegría.

PD: Entre las canciones que me han acompañado mientras escribía este artículo, hay una que no me he podido quitar de la cabeza: “I am trying to break your heart” de Wilco. Segunda mención: “Are you ready to be heartbroken?” de Lloyd Cole and the Commotions. Si te ha sonado oitra distinta mientras lo leías, no te la guardes para ti solo y compártela en los comentarios ;-)

