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Escribía en alguno de sus libros Kapuscinski que el bidón de plástico cambió mucho, para bien, la vida en el África más pobre: no sólo bajaba el peso del envase para transportar agua (barro cocido, no hay agua corriente) y, por tanto, se puede llevar más, sino que hasta se podía dejar el envase en la fila para recoger ese agua (o cualquier cosa) y cubrirse del sol. Además, no se rompe como el barro y se repone fácil. Al final del día, la gente toma decisiones de mucha más racionalidad económica de lo que parece, y los costes ocultos son, precisamente, costes ocultos porque nadie los ve: no se le puede reprochar a nadie que no los vea. Así que los africanos del cuento no van a quedarse con la estampa romántica de ver el barro sobre las cabezas para disfrute del visitante en busca de exotismos, van a hacer lo que es eficiente. La paradoja de Jevons no es un invento, una herramienta que encuentra un sistema y, oh magia, se aplica por un demiurgo que tiene intenciones perversas (como no conocer los costes ocultos), sino que es un efecto económico que responde a una lógica muy pura de costes y retornos. Dices: que podamos aprovechar lo bueno de esta paradoja. Y es aquí donde yo siento que el argumentario tiene que repensarse: ¿eso cómo se hace, quién lo decide, cómo se sabe que hemos entrado en el lado oscuro de la eficiencia? El "sistema" no es una orquestación perfectamente controlada predefinida y decidida, con un cerebro con la puñetera manía de no querer cambiar. Lo que llamamos sistema son muchas decisiones de mucha gente buscando lo que consideran mejor para ellos (incluso cuando lo mejor para ellos es malo para otros): si fuera controlable, oye, todo el mundo ganaría dinero en bolsa o un lanzamiento de un nuevo producto no fracasaría. Es decir, que la posibilidad de crear necesidades que no existen sería real y no una forma de teoría de la conspiración. Cuando este "sistema" con incertidumbre es sustituido por un "sistema" que sí toma decisiones centralizadas, de repente la paradoja de Jevons sería un alivio grandísimo: siempre ha terminado en pobreza. Las "necesidades infinitas" no dejan de ser un concepto íntimo antes que colectivo, lo que anhelo yo no es lo que anhela el otro, aunque coincidamos en esto y aquello. Soy escéptico ante la idea de que el "cambio climático" se resuelva con artefactos morales ("no necesitas esto", "vive austero como un maestro zen"), espero bastante más del ingenio para sobrevivir a la naturaleza: si los tuareg llevan siglos en el desierto con camellos y vestidos azules, si los holandeses medievales levantaron los polders para poder controlar la fuerza del mar y cultivar, ¿no vamos a tener tecnología bastante para tener energía abundante y barata?. Ojo con las abundancias que creemos que son abundancias: argumenté con una de las autoras que citas el hecho de que, frente a su afirmación, la industria del hielo no ha desaparecido porque se han inventado las neveras domésticas. Ayer, por cierto, se publicaba un producto de investigadores españoles para retirar microplásticos de las aguas. Ignoro su tasa de eficiencia, pero han llegado a ello porque se ponen a trabajar en ello: un problema conocido que muy seguramente tiene muchos investigadores en el mundo con dinero de todo tipo de procedencias. Quiero decir: una y otra vez se han sustituido tecnologías "obsoletas" por otras más eficientes y, si lo impides, te empobreces. Hay una anécdota que, si no es cierta, lo merece y que se le atribuye al Gorbachov atribulado que abría la Unión Soviética: le decían que en Occidente hacían cosas maravillosas, como jeringuillas que no dolían cuando se clavaban en tu cuerpo. Hay que tener una edad para recordar lo que dolían las de los "practicantes" que visitaban las casas, así como los riesgos de infección de sus repositorios con alcohol que ya no se usan. Concluyo: creo que esperar detener la eficiencia, "decidir" que ya es "bastante" como remedio o suerte de solución a un problema tecnológico no es algo que personalmente vea con futuro. Obviamente, sabemos que una civilización puede colapsar, puede que incluso por la anulación de la fertilidad antes que por el calor, pero tampoco tenemos control sobre eso. Y ese es un problema esencialmente para quienes creen en el más allá. Que es legítimo. Una visión -la mía- muy personal, por supuesto.

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